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Para mis queridos amigos veganos/vegetarianos, hoy les tengo una receta especial. Después de varios meses de silencio, Hambre y Prisa vuelve con una flamante receta de quinua. Ahora que los productos de mi querido y lejano Perú se han puesto tan de moda que ya es más fácil conseguir delicias como choclos gigantes, chicha morada en tetrabrik y, por supuesto, un arcoiris de quinua. Esta receta es un sabroso invento, que está listo en un dos por tres y que deja corazones contentos por doquier.Quinua con lentejas1 taza de quinua, enjuagada y escurrida (en un colador muy finito, por favor)2 tazas de agua o del caldo de su preferenciaMedia cebolla y un diente de ajo picadosun chorrito de aceite de olivaPimienta negra y sal al gustoCulantro picado, también al gustoUna lata de lentejitas listas para consumir, enjuagadas y escurridasEn una olla mediana, calentar el aceite y freír la cebolla y el ajo, revolviendo para que no se quemen. Una vez que estén dorados, agregar la quinua y revolver rápidamente. Agregar el agua o el caldo, pimienta y sal al gusto. Bajar el calor, tapar la olla y dejar cocinar hasta que los granitos de quinua estén transparentes y hayan absorbido todo o casi todo el caldo, alrededor de 20 ó 30 minutos. Agregar las lentejas y revolver. Poco antes de servir agregar el culantro ¡y listo!

Para mis queridos amigos veganos/vegetarianos, hoy les tengo una receta especial. Después de varios meses de silencio, Hambre y Prisa vuelve con una flamante receta de quinua. Ahora que los productos de mi querido y lejano Perú se han puesto tan de moda que ya es más fácil conseguir delicias como choclos gigantes, chicha morada en tetrabrik y, por supuesto, un arcoiris de quinua. Esta receta es un sabroso invento, que está listo en un dos por tres y que deja corazones contentos por doquier.

Quinua con lentejas

1 taza de quinua, enjuagada y escurrida (en un colador muy finito, por favor)
2 tazas de agua o del caldo de su preferencia
Media cebolla y un diente de ajo picados
un chorrito de aceite de oliva
Pimienta negra y sal al gusto
Culantro picado, también al gusto
Una lata de lentejitas listas para consumir, enjuagadas y escurridas

En una olla mediana, calentar el aceite y freír la cebolla y el ajo, revolviendo para que no se quemen. Una vez que estén dorados, agregar la quinua y revolver rápidamente. Agregar el agua o el caldo, pimienta y sal al gusto. Bajar el calor, tapar la olla y dejar cocinar hasta que los granitos de quinua estén transparentes y hayan absorbido todo o casi todo el caldo, alrededor de 20 ó 30 minutos. Agregar las lentejas y revolver. Poco antes de servir agregar el culantro ¡y listo!

Hace unos años, en el supermercado adquirí un divertido aparatito que causó la mayor felicidad en mi esposo: una diminuta olla freidora, de un litro de capacidad, que prometía irresponsablemente cocinar papas fritas, camarones empanizados, aros de cebolla y cualquier cantidad de delicias grasientas y doraditas. No la hemos usado tanto como a Ricky le gustaría, así que hoy se me ocurrió la famosa idea de hacer fish and chips para el almuerzo. Decir que la cocinada fue épica sería mentirles; decir que casi pierdo la tapita del dedo gordo mientras hacía la ensalada les puede dar una idea más certera de la magnitud del desorden que ocasionamos la olla freidora y yo. De todos modos, esta receta de pescado frito es deliciosa y llenadora, dorada y crocante. ¡La recomiendo!Pescado empanizado con cerveza1/4 de taza de harina autoleudante*1/4 de taza de maicena1 taza de harina corriente1 taza de cerveza de cualquier tipoUn montón de aceite vegetal, para freírSal y pimienta al gusto4 filetes de tilapia, cortados en unos 6 trozos cada unoAntes de empezar, precalentar el horno a 75ºC, para mantener caliente el pescado después de freír.En un tazón, cernir la harina autoleudante, la maicena y media taza de la harina corriente. Hacer un hoyo en el centro y agregar la cerveza poco a poco, mezclando bien con las varillas hasta que quede una pasta lisa y bastante suave. Cubrirlo con plástico autoadherente. En una bolsa de alimentos agregar la otra media taza de harina corriente, sal y pimienta al gusto y mezclar.En una sartén o en una ollita freidora, calentar suficiente aceite a 175ºC / 350F. Pasar los trozos de pescado por la harina: meterlos en la bolsa en tandas pequeñas, cerrar la bolsa y sacudir alegremente hasta que estén cubiertos. Revolver la masa de cerveza y pasar el pescado después por la masa, dejando que escurra el exceso. Cuando el aceite esté caliente, freír bien el pescado y darle vuelta con una espátula en caso de ser necesario. Freír por unos 4 - 5 minutos, hasta que esté doradito y bien cocido por dentro.Retirar del aceite y escurrir en un plato con toallas de papel. Mantener caliente en horno mientras se cocina todo. Servir con papas fritas y una deliciosa ensalada verde.*La harina autoleudante es una mezcla de 1 taza de harina corriente, 1 cucharadita de polvo de hornear, 1/2 cucharadita de sal y !/4 de cucharadita de bicarbonato de sodio. Cernir los ingredientes y conservar el resto en un tazón hermético.

Hace unos años, en el supermercado adquirí un divertido aparatito que causó la mayor felicidad en mi esposo: una diminuta olla freidora, de un litro de capacidad, que prometía irresponsablemente cocinar papas fritas, camarones empanizados, aros de cebolla y cualquier cantidad de delicias grasientas y doraditas. No la hemos usado tanto como a Ricky le gustaría, así que hoy se me ocurrió la famosa idea de hacer fish and chips para el almuerzo. Decir que la cocinada fue épica sería mentirles; decir que casi pierdo la tapita del dedo gordo mientras hacía la ensalada les puede dar una idea más certera de la magnitud del desorden que ocasionamos la olla freidora y yo. De todos modos, esta receta de pescado frito es deliciosa y llenadora, dorada y crocante. ¡La recomiendo!

Pescado empanizado con cerveza
1/4 de taza de harina autoleudante*
1/4 de taza de maicena
1 taza de harina corriente
1 taza de cerveza de cualquier tipo
Un montón de aceite vegetal, para freír
Sal y pimienta al gusto
4 filetes de tilapia, cortados en unos 6 trozos cada uno

Antes de empezar, precalentar el horno a 75ºC, para mantener caliente el pescado después de freír.
En un tazón, cernir la harina autoleudante, la maicena y media taza de la harina corriente. Hacer un hoyo en el centro y agregar la cerveza poco a poco, mezclando bien con las varillas hasta que quede una pasta lisa y bastante suave. Cubrirlo con plástico autoadherente. En una bolsa de alimentos agregar la otra media taza de harina corriente, sal y pimienta al gusto y mezclar.
En una sartén o en una ollita freidora, calentar suficiente aceite a 175ºC / 350F. Pasar los trozos de pescado por la harina: meterlos en la bolsa en tandas pequeñas, cerrar la bolsa y sacudir alegremente hasta que estén cubiertos. Revolver la masa de cerveza y pasar el pescado después por la masa, dejando que escurra el exceso. Cuando el aceite esté caliente, freír bien el pescado y darle vuelta con una espátula en caso de ser necesario. Freír por unos 4 - 5 minutos, hasta que esté doradito y bien cocido por dentro.Retirar del aceite y escurrir en un plato con toallas de papel. Mantener caliente en horno mientras se cocina todo. Servir con papas fritas y una deliciosa ensalada verde.

*La harina autoleudante es una mezcla de 1 taza de harina corriente, 1 cucharadita de polvo de hornear, 1/2 cucharadita de sal y !/4 de cucharadita de bicarbonato de sodio. Cernir los ingredientes y conservar el resto en un tazón hermético.

hambreyprisa:

Mi querido esposo cumplió años hoy y armamos, como es de costumbre, un gran fiestón, lleno de amigos, niños, comida y una enorme tartaleta de frutas. Para el menú populoso, decidí suprimir la famosa parrillada y me concentré en un buffet de tacos, burritos, gallitos o como quieran llamarlos. La pièce de resistance fue una deliciosa carne en salsa de cerveza: aromática, sabrosísima y tan suave que se derretía en la boca. Combinada con tortillas, frijolitos, hummus, guacamole, lechuga, pico de gallo, natilla y queso rallado, nuestro querido regimiento de amigos quedó más que alimentadoCarne en salsa de cerveza1.5 kg de cecina2 cebollas cortadas en rodajas finas y separadas en aros1 hoja de laurel1 lata de cerveza oscura (a mí me gusta la Bavaria Dark)1 sobrecito de caldo de costilla criollo, disuelto en 2 tazas de agua1 cucharadita de tomillo seco y un diente de ajo picadoPimienta negra, comino y paprika al gusto1/4 de taza de maicena, disuelta en un poco de agua fría (para espesar la salsa al día siguiente)Calentar aceite en una sartén y dorar la carne por tandas. Por mientras, colocar la cebolla y la hoja de laurel en la olla de cocimiento lento. En un tazón grande mezclar la cerveza, el caldo, el tomillo, el ajo y las especias. Colocar la carne dorada en la olla lenta, bañar con la salsa (en caso de ser necesario, agregar un poquito de agua para cubrir la carne). Tapar la olla y cocinar en “low” por un mínimo de 12 horas.Separar la carne y la cebolla del caldo con una espumadera. Pasar el caldo a una olla y poner a hervir. Agregar la maicena y revolver con cuidado hasta que espese. Devolver la carne a la olla y bañar con la salsa espesa, mantener calientito hasta que lo vayan a comer.

hambreyprisa:

Mi querido esposo cumplió años hoy y armamos, como es de costumbre, un gran fiestón, lleno de amigos, niños, comida y una enorme tartaleta de frutas. Para el menú populoso, decidí suprimir la famosa parrillada y me concentré en un buffet de tacos, burritos, gallitos o como quieran llamarlos. La pièce de resistance fue una deliciosa carne en salsa de cerveza: aromática, sabrosísima y tan suave que se derretía en la boca. Combinada con tortillas, frijolitos, hummus, guacamole, lechuga, pico de gallo, natilla y queso rallado, nuestro querido regimiento de amigos quedó más que alimentado

Carne en salsa de cerveza

1.5 kg de cecina
2 cebollas cortadas en rodajas finas y separadas en aros
1 hoja de laurel
1 lata de cerveza oscura (a mí me gusta la Bavaria Dark)
1 sobrecito de caldo de costilla criollo, disuelto en 2 tazas de agua
1 cucharadita de tomillo seco y un diente de ajo picado
Pimienta negra, comino y paprika al gusto
1/4 de taza de maicena, disuelta en un poco de agua fría (para espesar la salsa al día siguiente)

Calentar aceite en una sartén y dorar la carne por tandas. Por mientras, colocar la cebolla y la hoja de laurel en la olla de cocimiento lento. En un tazón grande mezclar la cerveza, el caldo, el tomillo, el ajo y las especias. Colocar la carne dorada en la olla lenta, bañar con la salsa (en caso de ser necesario, agregar un poquito de agua para cubrir la carne). Tapar la olla y cocinar en “low” por un mínimo de 12 horas.
Separar la carne y la cebolla del caldo con una espumadera. Pasar el caldo a una olla y poner a hervir. Agregar la maicena y revolver con cuidado hasta que espese. Devolver la carne a la olla y bañar con la salsa espesa, mantener calientito hasta que lo vayan a comer.

La torta Selvanegra es una de mis preferidas desde que la probé en alguna celebración alemana. Para mi desgracia, esa fue la única vez que probé una Schwarzwälder Kirschtorte (torta de cerezas de la Selva Negra) decente, las demás han sido pálidas sombras, llenas de horrendo chocolate de leche y crema batida en aerosol. En una de mis famosas expediciones al supermercado, encontré un par de latas de cerezas negras y tomé la ya famosa decisión de hacer una torta Selvanegra para mí solita. Obviamente, me tomó varios meses encontrar recetas, desecharlas todas por complicadas, inventarme mi propia versión, hornear y montar la torta y darme cuenta de sus exageradas dimensiones. A pesar de todo, la susodicha torta resultó un éxito de masas y la receta recibió la total aprobación del equipo probador. Eso sí, debo hacer la salvedad de que esta es una receta sencilla por comparación con las otras que encontré: como la mayoría de tortas decorativas, la Selvanegra es un proyecto laborioso, pero muy recomendado. Guten Appetit!3/4 taza de mantequilla
3 huevos
2 tazas de harina
3/4 taza de cocoa sin azúcar
1 cucharadita de bicarbonato
3/4 cucharadita de polvo de hornear
2 tazas de azúcar
2 cucharaditas de vainilla
1 1/2 tazas de leche1/8 cucharadita de clavo de olor molido1/8 cucharadita de canela molida
Dejar la mantequilla y los huevos reposar a temperatura ambiente por media hora. Engrasar el fondo de tres moldes redondos para queque y forrar la base con un círculo de papel engrasado. Volver a engrasar todos y espolvorear con pan molido.* Precalentar el horno a 175ºC.
En un tazón mediano, cernir la harina, cocoa, polvo de hornear y bicarbonato; poner a un lado. En un tazón grande, batir la mantequilla con una batidora, por unos 30 segundos a velocidad alta. Poco a poco agregar el azúcar, 1/4 de taza cada vez, batiendo a velocidad media, hasta que esté bien mezclado. Batir dos minutos más. Agregar los huevos de uno en uno, batiendo bien después de cada uno. Incorporar la vainilla. Agregar alternando la mezcla de harina y la leche, batiendo a velocidad baja. Una vez que esté mezclado, batir en velocidad alta por unos 20 segundos más.
Distribuir la masa en los tres moldes. Hornear entre 30 y 35 minutos, hasta que un palito clavado en el centro salga seco. Sacarlos del molde, desprender el papel engrasado y enfriarlos sobre una rejilla.* Yo sólo tengo dos moldes redondos para queque, entonces horneé primero dos capas, limpié el molde y luego horneé la última capa del queque.Crema Chantilly2 cajitas de 250ml de crema dulce2/3 taza de azúcarColocar los ingredientes en un tazón grande de vidrio y batirlos en velocidad media alta hasta que, al sacar las aspas de la batidora, se formen picos. No batir en exceso. Refrigerar hasta que se vaya a usar.Para armar la torta:1/3 taza de licor de cerezas o de naranja2 latas de cerezas sin semilla, en sirope ligero, escurridasRalladura de chocolate negro, para decorarEn un plato grande o de servir, colocar uno de los queques. Con una cucharita, esparcir la mitad del licor de cerezas (Kirschwasser) o, como hice yo, licor de naranja, por encima del queque. Reservar unas ocho cerezas para decorar la torta. Distribuir la mitad del resto de las cerezas por encima del queque y colocar una cuarta parte de la crema chantilly por encima. Colocar otro queque encima de esto y repetir la operación con la mitad restante de las cerezas, el licor y otra cuarta parte de la crema. Colocar el último queque encima de todo y cubrirlo por encima y por los costados con el resto de la crema chantilly. Con un pelador de verduras, rallar chocolate negro en un tazoncito y luego esparcirlo por encima de la torta. Colocar las cerezas reservadas decorativamente y listo.¡Conservar en la refri hasta que se vaya a comer!

La torta Selvanegra es una de mis preferidas desde que la probé en alguna celebración alemana. Para mi desgracia, esa fue la única vez que probé una Schwarzwälder Kirschtorte (torta de cerezas de la Selva Negra) decente, las demás han sido pálidas sombras, llenas de horrendo chocolate de leche y crema batida en aerosol.
En una de mis famosas expediciones al supermercado, encontré un par de latas de cerezas negras y tomé la ya famosa decisión de hacer una torta Selvanegra para mí solita. Obviamente, me tomó varios meses encontrar recetas, desecharlas todas por complicadas, inventarme mi propia versión, hornear y montar la torta y darme cuenta de sus exageradas dimensiones. A pesar de todo, la susodicha torta resultó un éxito de masas y la receta recibió la total aprobación del equipo probador. Eso sí, debo hacer la salvedad de que esta es una receta sencilla por comparación con las otras que encontré: como la mayoría de tortas decorativas, la Selvanegra es un proyecto laborioso, pero muy recomendado. Guten Appetit!

3/4 taza de mantequilla
3 huevos
2 tazas de harina
3/4 taza de cocoa sin azúcar
1 cucharadita de bicarbonato
3/4 cucharadita de polvo de hornear
2 tazas de azúcar
2 cucharaditas de vainilla
1 1/2 tazas de leche
1/8 cucharadita de clavo de olor molido
1/8 cucharadita de canela molida

Dejar la mantequilla y los huevos reposar a temperatura ambiente por media hora. Engrasar el fondo de tres moldes redondos para queque y forrar la base con un círculo de papel engrasado. Volver a engrasar todos y espolvorear con pan molido.*
Precalentar el horno a 175ºC.
En un tazón mediano, cernir la harina, cocoa, polvo de hornear y bicarbonato; poner a un lado. En un tazón grande, batir la mantequilla con una batidora, por unos 30 segundos a velocidad alta. Poco a poco agregar el azúcar, 1/4 de taza cada vez, batiendo a velocidad media, hasta que esté bien mezclado. Batir dos minutos más. Agregar los huevos de uno en uno, batiendo bien después de cada uno. Incorporar la vainilla. Agregar alternando la mezcla de harina y la leche, batiendo a velocidad baja. Una vez que esté mezclado, batir en velocidad alta por unos 20 segundos más.
Distribuir la masa en los tres moldes. Hornear entre 30 y 35 minutos, hasta que un palito clavado en el centro salga seco. Sacarlos del molde, desprender el papel engrasado y enfriarlos sobre una rejilla.
* Yo sólo tengo dos moldes redondos para queque, entonces horneé primero dos capas, limpié el molde y luego horneé la última capa del queque.

Crema Chantilly
2 cajitas de 250ml de crema dulce
2/3 taza de azúcar

Colocar los ingredientes en un tazón grande de vidrio y batirlos en velocidad media alta hasta que, al sacar las aspas de la batidora, se formen picos. No batir en exceso. Refrigerar hasta que se vaya a usar.

Para armar la torta:
1/3 taza de licor de cerezas o de naranja
2 latas de cerezas sin semilla, en sirope ligero, escurridas
Ralladura de chocolate negro, para decorar

En un plato grande o de servir, colocar uno de los queques. Con una cucharita, esparcir la mitad del licor de cerezas (Kirschwasser) o, como hice yo, licor de naranja, por encima del queque. Reservar unas ocho cerezas para decorar la torta. Distribuir la mitad del resto de las cerezas por encima del queque y colocar una cuarta parte de la crema chantilly por encima. Colocar otro queque encima de esto y repetir la operación con la mitad restante de las cerezas, el licor y otra cuarta parte de la crema. Colocar el último queque encima de todo y cubrirlo por encima y por los costados con el resto de la crema chantilly. Con un pelador de verduras, rallar chocolate negro en un tazoncito y luego esparcirlo por encima de la torta. Colocar las cerezas reservadas decorativamente y listo.

¡Conservar en la refri hasta que se vaya a comer!

Betty Crocker’s Guide to Easy EntertainingEn una de mis múltiples visitas a las librerías, desenterré un librito de aspecto inocente, pero que esconde uno de esos tremendos portales del tiempo en los que el descuidado lector se encuentra de pronto convertido en ama de casa en la suburbia de los años sesenta. Por supuesto que lo compré de inmediato y me lo leí en dos días (eso no hay ni que decirlo) y debo confesar que nunca en mi vida me había divertido tanto con un recetario.Esta edición facsímil de “Betty Crocker’s Guide to Easy Entertaining” de 1959 está repleta de los consejos más delirantes (¿agregarle glutamato monosódico al café?), los más complejos rituales de etiqueta claramente diseñados para reducir al ama de casa a un manojo de nervios (las mujeres de la casa son las que se encargan de extender TODAS las invitaciones y responderlas) y simpáticas recetas fotografiadas en los horrorosos colores de los años 60 (sánguches con lustre verde menta).Aún así, este libro nos recuerda varias cosas que me parecen fascinantes. Una mujer típica de fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta empezaba a enfrentarse con las múltiples demandas de la modernidad: Betty Crocker nos habla de una generación en la que las familias empezaban a perder a los sirvientes y algunas mujeres debían trabajar. Las reglas de la etiqueta no parecían relajarse, pero las obligaciones sociales se eternizaban en almuerzos buffet, tés de sociedad y cenas de medianoche (¡así como lo oyen!). Las mujeres cumplían el papel de mariscales de guerra al planear una invitación, desde el menú de tres platos hasta las decoraciones florales. La mítica Betty Crocker habla de sus amas de casa eficientes y preferidas, de tristísimos faux-pas (un invitado que llegó con un ramo de flores rojas y arruinó la cuidada decoración en grises y amarillos) y se comporta como un recordatorio de las ineludibles imposiciones a la mujer moderna.

Betty Crocker’s Guide to Easy Entertaining

En una de mis múltiples visitas a las librerías, desenterré un librito de aspecto inocente, pero que esconde uno de esos tremendos portales del tiempo en los que el descuidado lector se encuentra de pronto convertido en ama de casa en la suburbia de los años sesenta. Por supuesto que lo compré de inmediato y me lo leí en dos días (eso no hay ni que decirlo) y debo confesar que nunca en mi vida me había divertido tanto con un recetario.

Esta edición facsímil de “Betty Crocker’s Guide to Easy Entertaining” de 1959 está repleta de los consejos más delirantes (¿agregarle glutamato monosódico al café?), los más complejos rituales de etiqueta claramente diseñados para reducir al ama de casa a un manojo de nervios (las mujeres de la casa son las que se encargan de extender TODAS las invitaciones y responderlas) y simpáticas recetas fotografiadas en los horrorosos colores de los años 60 (sánguches con lustre verde menta).

Aún así, este libro nos recuerda varias cosas que me parecen fascinantes. Una mujer típica de fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta empezaba a enfrentarse con las múltiples demandas de la modernidad: Betty Crocker nos habla de una generación en la que las familias empezaban a perder a los sirvientes y algunas mujeres debían trabajar. Las reglas de la etiqueta no parecían relajarse, pero las obligaciones sociales se eternizaban en almuerzos buffet, tés de sociedad y cenas de medianoche (¡así como lo oyen!). Las mujeres cumplían el papel de mariscales de guerra al planear una invitación, desde el menú de tres platos hasta las decoraciones florales. La mítica Betty Crocker habla de sus amas de casa eficientes y preferidas, de tristísimos faux-pas (un invitado que llegó con un ramo de flores rojas y arruinó la cuidada decoración en grises y amarillos) y se comporta como un recordatorio de las ineludibles imposiciones a la mujer moderna.

La tarde cocinera de hoy tuvo su culminación en un delicioso pastel de frutas. Cuando llega la época de las fresas en 3 por mil, me toca buscar tres mil y un formas de comernos las cajitas de fresas antes de que se estropeen. En estos días ya he inventado recetas de fondue, ensaladas de aguacate y fresa, batidos… Sin embargo, hoy me levanté con ganas de hornear un buen pie de moras, tal vez con unos arándanos y, la verdad, las fresas me parecieron muy apetitosas. Está mal que yo lo diga, pero el resultado fue espectacular. :DPie de moras, arándanos y fresasRelleno2 tazas de arándanos congelados, enjuagados2 tazas de fresas, lavadas, sin las hojitas y cortadas por la mitaduna cajita de moras híbridas, lavadas1/3 de taza de azúcar1/3 de taza de harinaRalladura de limónPrecalentar el horno a 190ºC.En un tazón, mezclar la harina, el azúcar y la ralladura. Agregar las frutas y revolver con una cuchara. Dejar reposar mientras se hace la masa, para que los arándanos se vayan descongelando un poco (no importa que estén todavía congelados al momento de rellenar el pie).Este delicioso pie se hace con la receta básica de masa para pie, pero en esta ocasión haremos el doble para que alcance para la base y la tapa. En la receta ya están las cantidades necesarias para hacer el doble.Masa básica para pie 2 tazas + 1/4 ó 1/2 de harina cernida2 barras de lactocrema ablandadas1/2 taza de azúcarAgua heladaRalladura de limón o naranja

En un tazón colocar la harina, la ralladura, el azúcar y la lactocrema, cortada en trozos. Incorporar todo con un mezclador de masa o con un par de tenedores, hasta que la masa parezca migas. Agregar cucharaditas de agua helada y mezclar suavemente con los dedos hasta que tenga la consistencia de la plasticina. Si está muy húmeda, se agrega más harina (por eso se ocupa entre 1/4 y 1/2 taza más de harina). Formar una bola y meterla en la refri por un rato, dentro del tazón. Así la masa será más fácil de trabajar, porque si está tibia se vuelve muy pegajosa.
Una vez que esté manejable, se pueden forrar el molde. Se usa un molde vidrio para pie (que parece un plato grande con paredes altas). Engrasar y enharinar el molde. Dividir la masa en dos partes y extender cada con un rodillo para formar los discos de pasta. El truco es colocar la masa entre dos trozos de plástico autoadherente, para que no se peguen a la mesa ni al rodillo. Luego se retira un lado del plástico, se coloca la masa en el molde y se retira el otro lado del plástico.Una vez forrado el molde, se agrega el relleno de frutas y se coloca la tapa de masa. Con los dedos, unir la tapa a la base. Con un cuchillo pequeño se hacen pequeños cortes en la tapa. Para esto, lo más útil es meter la hoja del cuchillo en harina después de cada corte, de modo que no se pegue el cuchillo a la masa. Espolvorear con azúcar y meter al horno. Hornear por unos 50 min, o hasta que el relleno esté burbujeando por los cortes de la tapa. Se puede dorar un poco el pastel por encima antes de sacarlo del horno. Dejarlo enfriar por lo menos media hora, para que el relleno cuaje. ¡Listo!

La tarde cocinera de hoy tuvo su culminación en un delicioso pastel de frutas. Cuando llega la época de las fresas en 3 por mil, me toca buscar tres mil y un formas de comernos las cajitas de fresas antes de que se estropeen. En estos días ya he inventado recetas de fondue, ensaladas de aguacate y fresa, batidos… Sin embargo, hoy me levanté con ganas de hornear un buen pie de moras, tal vez con unos arándanos y, la verdad, las fresas me parecieron muy apetitosas. Está mal que yo lo diga, pero el resultado fue espectacular. :D

Pie de moras, arándanos y fresas

Relleno
2 tazas de arándanos congelados, enjuagados
2 tazas de fresas, lavadas, sin las hojitas y cortadas por la mitad
una cajita de moras híbridas, lavadas
1/3 de taza de azúcar
1/3 de taza de harina
Ralladura de limón

Precalentar el horno a 190ºC.
En un tazón, mezclar la harina, el azúcar y la ralladura. Agregar las frutas y revolver con una cuchara. Dejar reposar mientras se hace la masa, para que los arándanos se vayan descongelando un poco (no importa que estén todavía congelados al momento de rellenar el pie).

Este delicioso pie se hace con la receta básica de masa para pie, pero en esta ocasión haremos el doble para que alcance para la base y la tapa. En la receta ya están las cantidades necesarias para hacer el doble.

Masa básica para pie
2 tazas + 1/4 ó 1/2 de harina cernida
2 barras de lactocrema ablandadas
1/2 taza de azúcar
Agua helada
Ralladura de limón o naranja



En un tazón colocar la harina, la ralladura, el azúcar y la lactocrema, cortada en trozos. Incorporar todo con un mezclador de masa o con un par de tenedores, hasta que la masa parezca migas. Agregar cucharaditas de agua helada y mezclar suavemente con los dedos hasta que tenga la consistencia de la plasticina. Si está muy húmeda, se agrega más harina (por eso se ocupa entre 1/4 y 1/2 taza más de harina). Formar una bola y meterla en la refri por un rato, dentro del tazón. Así la masa será más fácil de trabajar, porque si está tibia se vuelve muy pegajosa.


Una vez que esté manejable, se pueden forrar el molde. Se usa un molde vidrio para pie (que parece un plato grande con paredes altas). Engrasar y enharinar el molde. Dividir la masa en dos partes y extender cada con un rodillo para formar los discos de pasta. El truco es colocar la masa entre dos trozos de plástico autoadherente, para que no se peguen a la mesa ni al rodillo. Luego se retira un lado del plástico, se coloca la masa en el molde y se retira el otro lado del plástico.

Una vez forrado el molde, se agrega el relleno de frutas y se coloca la tapa de masa. Con los dedos, unir la tapa a la base. Con un cuchillo pequeño se hacen pequeños cortes en la tapa. Para esto, lo más útil es meter la hoja del cuchillo en harina después de cada corte, de modo que no se pegue el cuchillo a la masa.

Espolvorear con azúcar y meter al horno. Hornear por unos 50 min, o hasta que el relleno esté burbujeando por los cortes de la tapa. Se puede dorar un poco el pastel por encima antes de sacarlo del horno. Dejarlo enfriar por lo menos media hora, para que el relleno cuaje. ¡Listo!

Para celebrar los cumpleaños, en mi familia seguimos una deliciosa tradición: el queque del cumpleañero nunca se compra, sino que siempre debe hornearse en casa. De niña, mi preferido era un bizcochuelo relleno de crema chantilly y melocotón en almíbar; mientras que un año mi hermano le pidió a mi mamá una laboriosísima Doboschtorte, con capas y capas de crepas con crema de chocolate en medio. Para este 21 de diciembre, decidí probar una nueva receta para mi cumpleaños: una torta de nueces y moca, en parte porque tenía todos los ingredientes en la casa y en parte porque la foto del recetario se veía decadente. Mal está que yo diga que quedó deliciosa, pero así fue. Lo mejor de todo fue escuchar a Jazmín cantarme cumpleaños mientras yo cortaba el queque: la verdad es que soy terriblemente sentimental.Torta de nueces y moca2 tazas de nueces, levemente tostadas*2 cucharadas de harina2 y 1/2 cucharaditas de polvo de hornear4 huevos3/4 taza de azúcarPrecalentar el horno a 180ºC. Engrasar la base de dos moldes redondos de 8 x 1 1/2 pulgadas, cubrir la base con papel encerado y engrasar y enharinar los moldes.En un tazón mediano, cernir la harina con el polvo de hornear y mezclarlos con las nueces. En el procesador de alimentos, colocar los huevos y el azúcar y procesarlos hasta que estén bien mezclados (es bastante rápido). Puede ser que necesiten raspar los lados del procesador con una espátula para mezclar todo bien. Agregar las nueces mezcladas con la harina y procesarlos hasta que estén homogéneos. A veces quedan algunos pedazos de nueces más grandes, que le dan una textura interesante al bizcochuelo. Dividir la masa entre los dos moldes y hornear entre 20 y 25 minutos o hasta que los queques estén firmes pero no duros. Enfriarlos sobre una rejilla. Una vez fríos, cubrirlos con el lustre y colocarlos uno encima del otro. Refrigerar por unas 2 horas, como mínimo, antes de servir.Mientras se hornean los queques, preparar el lustre de moca y chocolate:1 cucharadita de café instantáneo250 ml de crema dulce1/3 taza de azúcar1/4 taza de cocoa sin azúcar1/2 cucharadita de vainillaEn un tazón de vidrio mediano, disolver el café en la crema dulce. Agregar el azúcar, la vainilla y la cocoa. Batir en velocidad media hasta que se forme una crema bastante firme: cuando se retiran las aspas de la batidora, la crema forma picos que se sostienen rectos.*Nota final: las nueces tostadas resultan más sabrosas. Para tostarlas, se esparcen en una bandeja para horno y se hornean a 180ºC, entre 5 y 10 min. Es importante estarlas mirando y revolviendo con cierta frecuencia para que no se quemen, porque se estropean con facilidad.

Para celebrar los cumpleaños, en mi familia seguimos una deliciosa tradición: el queque del cumpleañero nunca se compra, sino que siempre debe hornearse en casa. De niña, mi preferido era un bizcochuelo relleno de crema chantilly y melocotón en almíbar; mientras que un año mi hermano le pidió a mi mamá una laboriosísima Doboschtorte, con capas y capas de crepas con crema de chocolate en medio. Para este 21 de diciembre, decidí probar una nueva receta para mi cumpleaños: una torta de nueces y moca, en parte porque tenía todos los ingredientes en la casa y en parte porque la foto del recetario se veía decadente. Mal está que yo diga que quedó deliciosa, pero así fue. Lo mejor de todo fue escuchar a Jazmín cantarme cumpleaños mientras yo cortaba el queque: la verdad es que soy terriblemente sentimental.

Torta de nueces y moca

2 tazas de nueces, levemente tostadas*
2 cucharadas de harina
2 y 1/2 cucharaditas de polvo de hornear
4 huevos
3/4 taza de azúcar

Precalentar el horno a 180ºC. Engrasar la base de dos moldes redondos de 8 x 1 1/2 pulgadas, cubrir la base con papel encerado y engrasar y enharinar los moldes.

En un tazón mediano, cernir la harina con el polvo de hornear y mezclarlos con las nueces. En el procesador de alimentos, colocar los huevos y el azúcar y procesarlos hasta que estén bien mezclados (es bastante rápido). Puede ser que necesiten raspar los lados del procesador con una espátula para mezclar todo bien. Agregar las nueces mezcladas con la harina y procesarlos hasta que estén homogéneos. A veces quedan algunos pedazos de nueces más grandes, que le dan una textura interesante al bizcochuelo.
Dividir la masa entre los dos moldes y hornear entre 20 y 25 minutos o hasta que los queques estén firmes pero no duros. Enfriarlos sobre una rejilla. Una vez fríos, cubrirlos con el lustre y colocarlos uno encima del otro. Refrigerar por unas 2 horas, como mínimo, antes de servir.

Mientras se hornean los queques, preparar el lustre de moca y chocolate:
1 cucharadita de café instantáneo
250 ml de crema dulce
1/3 taza de azúcar
1/4 taza de cocoa sin azúcar
1/2 cucharadita de vainilla

En un tazón de vidrio mediano, disolver el café en la crema dulce. Agregar el azúcar, la vainilla y la cocoa. Batir en velocidad media hasta que se forme una crema bastante firme: cuando se retiran las aspas de la batidora, la crema forma picos que se sostienen rectos.

*Nota final: las nueces tostadas resultan más sabrosas. Para tostarlas, se esparcen en una bandeja para horno y se hornean a 180ºC, entre 5 y 10 min. Es importante estarlas mirando y revolviendo con cierta frecuencia para que no se quemen, porque se estropean con facilidad.

Entrevista de doña Marjorie Ross en El Financiero.

Un día de noviembre recibí una invitación para almorar con la reconocida gastrónoma y periodista Marjorie Ross. Accedí más que encantada y nos encontramos en el Restaurante Il Ritorno, de la Casa Italia. Allí comimos deliciosamente y entretuvimos una agradabilísima conversación sobre nuestras múltiples ocupaciones (entre periodistas, escritoras, cocineras, mamás y diseñadoras reuníamos por lo menos una docena de títulos entre las dos). Este es el artículo que doña Marjorie publicó al respecto. El restaurante está más que recomendado. :)

La olla de cocimiento lento es una maravilla para la gente que planea tener hambre varias horas después de cocinar. Ayer pasé por el súper y decidí volver a la casa con un kilo de costillas de cerdo y una botella de salsa inglesa, pero sin una idea clara de cómo meter ambas cosas en un solo plato (nada más me alegro de que no volví con una bolsa de marsmelos y un kilo de pescado, porque hubiera resultado notablemente menos exitoso). Me di a la tarea de buscar una receta que pudiera cocinar en la famosa olla lenta y tuve que desechar mi primera opción por que me di cuenta, un domingo a las 8:15 p. m., de que no había jugo de manzana. Parecía un reto televisado: haga algo comestible con los ingredientes de la alacena, un kilo de costillas, una olla lenta y la internet. Esto fue lo que resultó.
Costillas de cerdo en salsa1 ó 1.5 kilos de costillas de cerdoAceite2 tazas de agua caliente1 lata de tomates en trozos1 cebolla mediana, picada2 cucharadas de vinagre (ojalá de sidra)3 cucharadas de azúcar morena o tapa dulce molida4 cucharaditas de salsa inglesa (Worcestershire)1 cucharadita de mostaza Dijon1 sobrecito de caldo de costilla criollo1/4 de cucharadita de paprika1/4 de cucharadita de pimienta negraEn una sartén grande, dorar las costillas con un chorrito de aceite, dándoles vuelta para que se doren uniformemente.Por mientras, mezclar los demás ingredientes (menos el aceite) en un tazón de vidrio mediano. Una vez que estén doradas, pasar las costillas a la olla lenta, cubrirlas con la salsa y tapar. Cocinar por unas 8 horas en “low”.Destapar, separar la carne de las costillas y descartar los huesos y/o la grasa. Mantener caliente y tapado. Pasar la salsa a una olla, cocinar hasta que hierva y dejarla burbujear en fuego bajo, por unos 15 minutos. En una tacita, mezclar 1/4 de taza de agua fría y 4 cucharadas de maicena, revolver hasta que se disuelva. Agregar la maicena a la salsa y revolver suavemente hasta que espese. Si desean una salsa más fina, se puede licuar antes de servir.Servir las costillas con papas hervidas, arvejitas al vapor y bastante salsa. :)

La olla de cocimiento lento es una maravilla para la gente que planea tener hambre varias horas después de cocinar. Ayer pasé por el súper y decidí volver a la casa con un kilo de costillas de cerdo y una botella de salsa inglesa, pero sin una idea clara de cómo meter ambas cosas en un solo plato (nada más me alegro de que no volví con una bolsa de marsmelos y un kilo de pescado, porque hubiera resultado notablemente menos exitoso). Me di a la tarea de buscar una receta que pudiera cocinar en la famosa olla lenta y tuve que desechar mi primera opción por que me di cuenta, un domingo a las 8:15 p. m., de que no había jugo de manzana. Parecía un reto televisado: haga algo comestible con los ingredientes de la alacena, un kilo de costillas, una olla lenta y la internet. Esto fue lo que resultó.


Costillas de cerdo en salsa
1 ó 1.5 kilos de costillas de cerdo
Aceite
2 tazas de agua caliente
1 lata de tomates en trozos
1 cebolla mediana, picada
2 cucharadas de vinagre (ojalá de sidra)
3 cucharadas de azúcar morena o tapa dulce molida
4 cucharaditas de salsa inglesa (Worcestershire)
1 cucharadita de mostaza Dijon
1 sobrecito de caldo de costilla criollo
1/4 de cucharadita de paprika
1/4 de cucharadita de pimienta negra

En una sartén grande, dorar las costillas con un chorrito de aceite, dándoles vuelta para que se doren uniformemente.
Por mientras, mezclar los demás ingredientes (menos el aceite) en un tazón de vidrio mediano. Una vez que estén doradas, pasar las costillas a la olla lenta, cubrirlas con la salsa y tapar. Cocinar por unas 8 horas en “low”.

Destapar, separar la carne de las costillas y descartar los huesos y/o la grasa. Mantener caliente y tapado. Pasar la salsa a una olla, cocinar hasta que hierva y dejarla burbujear en fuego bajo, por unos 15 minutos. En una tacita, mezclar 1/4 de taza de agua fría y 4 cucharadas de maicena, revolver hasta que se disuelva. Agregar la maicena a la salsa y revolver suavemente hasta que espese. Si desean una salsa más fina, se puede licuar antes de servir.

Servir las costillas con papas hervidas, arvejitas al vapor y bastante salsa. :)

Este fue el almuerzo del otro día, patrocinado por mi amor incondicional a las mini verduritas. En el super, siempre me detengo a ver los tomatitos, mini zanahorias, zapallitos, vainitas y demás pequeñeces y la semana antepasada no fue la excepción. Me encontré con una bandeja de colecitas de Bruselas, redondas y verdes, con todo el aspecto de un repollo de paseo por Liliput.El día de cocinarlas, tuve que llamar a mi mamá a preguntarle qué hacía con las famosas coles. La mayoría de gente las rehuye como si las pobres fueran la hermanastra pestilente de Cenicienta y, según mis averiguaciones, esto ocurre porque la myoría de la gente recocina las coles de Bruselas. En ese momento se ponen grises y mustias y pierden por completo la gracia. Para disfrutarlas mejor, hay que cocinarlas poco, de modo que se pongan verdes y lustrosas. Saben un poco amarguitas, pero son crujientes y deliciosas.Chuletas ahumadas con papas al horno y coles de Bruselas salteadas4 chuletas ahumadas4 rodajas de piña (de lata), con un poco de su jugoClavos de olor enterosPapitas pequeñas, lavadas y cortadas por la mitadAceite de olivaRomero, tomillo, pimienta recién molida y sal gruesaUn chorrito de vino blancoColes de Bruselas, lavadasAceite de olivaSemillas de eneldo, pimienta recién molida y sal gruesaPrecalentar el horno a 250ºC. A cada chuleta se le incrustan unos 3 clavitos de olor. En un pyrex grande con tapa, disponer las chuletas con una rodaja de piña por encima, bañarlas con algo del jugo de la piña. Tapar el pyrex y meter al horno por alrededor de una hora.Untar con  aceite de oliva otro pyrex mediano con tapa, y colocar dentro las papitas. Aderezar con las especias, agregar un chorrito de vino blanco y tapar. Meter al horno junto a las chuletas y cocinar por más o menos una hora.Unos 10 minutos antes de que estén listas las chuletas y las papas, se cocinan las coles. Para prepararlas, se debe cortar la parte oscura de la base y retirar las hojitas que estén secas o machucadas. Para que se cocinen uniformemente, se puede hacer un par de cortes en la base de cada colecita, con forma de cruz. Enjuagarlas en un colador y dejarlas escurrir. Calentar el aceite de oliva en una sartén mediana, en calor medio-alto y agregar las colecitas. Saltearlas, moviéndolas con frecuencia para que no se quemen. Están listas cuando se vean de color verde brillante, con partes doraditas (unos 5 a 8 minutos, aproximadamente). La gracia es que queden crujientes y frescas, no recocinadas y suaves. Retirar la sartén del fuego, taparla y dejar reposar las coles unos 5 minutos.Servir todo junto. :)

Este fue el almuerzo del otro día, patrocinado por mi amor incondicional a las mini verduritas. En el super, siempre me detengo a ver los tomatitos, mini zanahorias, zapallitos, vainitas y demás pequeñeces y la semana antepasada no fue la excepción. Me encontré con una bandeja de colecitas de Bruselas, redondas y verdes, con todo el aspecto de un repollo de paseo por Liliput.
El día de cocinarlas, tuve que llamar a mi mamá a preguntarle qué hacía con las famosas coles. La mayoría de gente las rehuye como si las pobres fueran la hermanastra pestilente de Cenicienta y, según mis averiguaciones, esto ocurre porque la myoría de la gente recocina las coles de Bruselas. En ese momento se ponen grises y mustias y pierden por completo la gracia. Para disfrutarlas mejor, hay que cocinarlas poco, de modo que se pongan verdes y lustrosas. Saben un poco amarguitas, pero son crujientes y deliciosas.
Chuletas ahumadas con papas al horno y coles de Bruselas salteadas
4 chuletas ahumadas
4 rodajas de piña (de lata), con un poco de su jugo
Clavos de olor enteros

Papitas pequeñas, lavadas y cortadas por la mitad
Aceite de oliva
Romero, tomillo, pimienta recién molida y sal gruesa
Un chorrito de vino blanco

Coles de Bruselas, lavadas
Aceite de oliva
Semillas de eneldo, pimienta recién molida y sal gruesa

Precalentar el horno a 250ºC. A cada chuleta se le incrustan unos 3 clavitos de olor. En un pyrex grande con tapa, disponer las chuletas con una rodaja de piña por encima, bañarlas con algo del jugo de la piña. Tapar el pyrex y meter al horno por alrededor de una hora.

Untar con  aceite de oliva otro pyrex mediano con tapa, y colocar dentro las papitas. Aderezar con las especias, agregar un chorrito de vino blanco y tapar. Meter al horno junto a las chuletas y cocinar por más o menos una hora.

Unos 10 minutos antes de que estén listas las chuletas y las papas, se cocinan las coles. Para prepararlas, se debe cortar la parte oscura de la base y retirar las hojitas que estén secas o machucadas. Para que se cocinen uniformemente, se puede hacer un par de cortes en la base de cada colecita, con forma de cruz. Enjuagarlas en un colador y dejarlas escurrir. Calentar el aceite de oliva en una sartén mediana, en calor medio-alto y agregar las colecitas. Saltearlas, moviéndolas con frecuencia para que no se quemen. Están listas cuando se vean de color verde brillante, con partes doraditas (unos 5 a 8 minutos, aproximadamente). La gracia es que queden crujientes y frescas, no recocinadas y suaves. Retirar la sartén del fuego, taparla y dejar reposar las coles unos 5 minutos.
Servir todo junto. :)

Esta receta es especial para los que aman las ensaladas contundentes. Me encantó porque es una forma de meter un poco de todo y de comer rápido, porque el resultado no tarda más de 20 minutos. La primera vez que la hice, la motivación principal fue un aguacate que estaba listo para comer. Yo soy bieeeen perezosa para comer aguacate (o palta, como decimos los suramericanos), pero a Ricky le fascina. El aguacate estaba ahí, el esposo estaba ahí y los dos me miraban con angustia. Así que agarré mi recetario de ensaladas, cambié un poco la receta (obvio) y obtuvimos esto.
Ensalada Cobb1 aguacate2 huevos duros4 rebanadas de tocineta, fritas y en trocitosMedia cebolla morada, en arosUn tomate, en rebanadasMedia taza de maíz y arvejas congeladas, pero descongeladasHojas de lechuga, ojalá un par de tipos distintosPara el aderezo:Jugo de limónAceite de olivaSal y pimienta recién molidaVirutas de queso parmesano.En un tazón, colocar las hojas de lechuga, el tomate, las arvejas y el maíz dulce, la cebolla, el aguacate, el huevo cortado en cuartos y la tocineta por encima. Aderezar y decorar con el queso parmesano.

Esta receta es especial para los que aman las ensaladas contundentes. Me encantó porque es una forma de meter un poco de todo y de comer rápido, porque el resultado no tarda más de 20 minutos. La primera vez que la hice, la motivación principal fue un aguacate que estaba listo para comer. Yo soy bieeeen perezosa para comer aguacate (o palta, como decimos los suramericanos), pero a Ricky le fascina. El aguacate estaba ahí, el esposo estaba ahí y los dos me miraban con angustia. Así que agarré mi recetario de ensaladas, cambié un poco la receta (obvio) y obtuvimos esto.

Ensalada Cobb

1 aguacate
2 huevos duros
4 rebanadas de tocineta, fritas y en trocitos
Media cebolla morada, en aros
Un tomate, en rebanadas
Media taza de maíz y arvejas congeladas, pero descongeladas
Hojas de lechuga, ojalá un par de tipos distintos

Para el aderezo:
Jugo de limón
Aceite de oliva
Sal y pimienta recién molida
Virutas de queso parmesano.

En un tazón, colocar las hojas de lechuga, el tomate, las arvejas y el maíz dulce, la cebolla, el aguacate, el huevo cortado en cuartos y la tocineta por encima. Aderezar y decorar con el queso parmesano.

Decidí probar esta receta simplemente porque la salsa se veía absolutamente delirante. Hay veces en que, simplemente, uno debe dejarse llevar por el antojo súbito de un título prometedor (¿cremosa salsa de repollo? ¿Quién dijo miedo?), para toparse de frente con una receta exquisita. La verdad es que la disfrutamos mucho aquella vez, tanto que esta semana volví a comprar dos enormes repollos, que se complementarán con los dos kilos quincenales de zanahorias que compramos en la casa. ¿Dos kilos?, se preguntará el sorprendido lector. Así es, queridos, dos kilos para dos conejos-mascota-sibaritas, de esos que no comen zacate sino albahaca. Tal parece que  aquí los humanos no son los únicos chineados al comer.Hamburguesas con tocineta y cremosa salsa de repollo (de dos colores)500g de carne molida de res4 rebanadas de tocineta, en trocitos1 cebolla picada1 diente de ajo, picado1 huevo1 cucharada de mostaza dijon4 panes de hamburguesa, toastaditos4 hojas de la lechuga de su preferenciarodajas de tomatesal y pimienta al gustoaceite de olivaEn un tazón, mezclar la carne, tocineta, cebolla, ajo, huevo, mostaza, sal y pimienta. Si la mezcla queda muy húmeda, se le puede agregar pan molido por cucharaditas hasta que quede levemente pegajosa. Formar 4 hamburguesas grandes, 6 medianas u 8 pequeñas. Ponerlas en un plato, cubrirlas con plástico y dejarlas reposar en la refri por 30 min.Por mientras, hacer la salsa de repollo.*Calentar el aceite de oliva y freír las tortas por ambos lados hasta que estén bien cocidas. Montar las hamburguesas y comérselas de inmediato. ¡Es una orden!* Cremosa salsa de repollo (de dos colores)1/2 taza de repollo blanco rallado1/2 taza de repollo morado rallado1 zanahoria, pelada y rallada1/4 de cebolla blanca, en rodajas finitas1 cucharada de sal2 cucharaditas de azúcar1 cucharada de vinagre blanco1/4 taza de mayonesa1/4 taza de natillaSal y pimienta al gustoColocar las verduras en un colador plástico, rociarlas con la cucharada de sal, el azúcar y el vinagre y mezclarlos. Poner el colador sobre un tazón y dejar que se drene por unos 20 min. (Cuando yo lo hice no salió nada de líquido, pero igual sabía delicioso al final).Pasar las verduras a un tazón grande y agregar la mayonesa y la natilla. Revolver bien y aderezar con sal y pimienta al gusto.

Decidí probar esta receta simplemente porque la salsa se veía absolutamente delirante. Hay veces en que, simplemente, uno debe dejarse llevar por el antojo súbito de un título prometedor (¿cremosa salsa de repollo? ¿Quién dijo miedo?), para toparse de frente con una receta exquisita. La verdad es que la disfrutamos mucho aquella vez, tanto que esta semana volví a comprar dos enormes repollos, que se complementarán con los dos kilos quincenales de zanahorias que compramos en la casa. ¿Dos kilos?, se preguntará el sorprendido lector. Así es, queridos, dos kilos para dos conejos-mascota-sibaritas, de esos que no comen zacate sino albahaca. Tal parece que  aquí los humanos no son los únicos chineados al comer.

Hamburguesas con tocineta y cremosa salsa de repollo (de dos colores)
500g de carne molida de res
4 rebanadas de tocineta, en trocitos
1 cebolla picada
1 diente de ajo, picado
1 huevo
1 cucharada de mostaza dijon
4 panes de hamburguesa, toastaditos
4 hojas de la lechuga de su preferencia
rodajas de tomate
sal y pimienta al gusto
aceite de oliva

En un tazón, mezclar la carne, tocineta, cebolla, ajo, huevo, mostaza, sal y pimienta. Si la mezcla queda muy húmeda, se le puede agregar pan molido por cucharaditas hasta que quede levemente pegajosa. Formar 4 hamburguesas grandes, 6 medianas u 8 pequeñas. Ponerlas en un plato, cubrirlas con plástico y dejarlas reposar en la refri por 30 min.
Por mientras, hacer la salsa de repollo.*
Calentar el aceite de oliva y freír las tortas por ambos lados hasta que estén bien cocidas. Montar las hamburguesas y comérselas de inmediato. ¡Es una orden!

* Cremosa salsa de repollo (de dos colores)
1/2 taza de repollo blanco rallado
1/2 taza de repollo morado rallado
1 zanahoria, pelada y rallada
1/4 de cebolla blanca, en rodajas finitas
1 cucharada de sal
2 cucharaditas de azúcar
1 cucharada de vinagre blanco
1/4 taza de mayonesa
1/4 taza de natilla
Sal y pimienta al gusto

Colocar las verduras en un colador plástico, rociarlas con la cucharada de sal, el azúcar y el vinagre y mezclarlos. Poner el colador sobre un tazón y dejar que se drene por unos 20 min. (Cuando yo lo hice no salió nada de líquido, pero igual sabía delicioso al final).
Pasar las verduras a un tazón grande y agregar la mayonesa y la natilla. Revolver bien y aderezar con sal y pimienta al gusto.

Para empezar por el principio les cuento que a mí me encanta cocinar algo para mis amigos que vienen de visita: postres, bocaditos o almuerzos completos, la verdad es que nadie se escapa de aquí sin haber sido alimentado. Está en mis genes, incrustado allí por mi adorada mamá que me perseguía por toda la casa para preguntarme si le había ofrecido algo de comer a mis amigos; no me creía cuando le decía que sí, claro, pero que ellos no querían nada; y luego les ofrecía algo personalmente. En este momento ocurría la traición: mis amigos aceptaban encantados y mi mamá me miraba con indignación y una buena dosis de la famosa culpa Pimentel por no ofrecer comida a las visitas.De cualquier forma, el otro día se me ocurrió hacer esta receta de quequitos mármol para las visitas. Se ve muy sencilla y vistosa, pero, como todas mis historias, se complicó levemente. Esa tarde, ni bien estuvieron tres minutos dentro del horno, la CNFL decidió cortar la luz. Yupi. Pasaron veinte minutos, los quequitos siguieron en el horno, yo llamé a reportar la avería una docena de veces y de repente volvió la luz. Al abrir el horno, para mi gran sorpresa, los quequitos no se habían convertido en trocitos de mármol pétreo, sino que estaban deliciosos y comestibles. El honor Pimentel estaba a salvo.Quequitos mármol todoterreno
175 gr de lactocrema ablandada (dejarla fuera del refri por unos 30 min)175 gr de azúcar3 huevos175 gr de harina2 cucharadas de leche50 gr de chocolate semidulce derretidoUna pizca de canelaUna pizca de clavo molidoMedia cucharadita de vainillaPrecalentar el horno a 180ºC. Poner 12 moldecitos de papel en una bandeja para muffins.En un tazón mediano, batir la lactocrema ablandada con el azúcar, hasta que la mezcla se vea cremosa. Agregar los huevos uno a uno, junto con un par de cucharadas de harina y batir constantemente. Agregar la leche, la vainilla y la canela y batir.Separar la mezcla en dos tazones. Agregar el chocolate derretido y el clavo a uno de los tazones y mezclarlo bien.Llenar los moldecitos alternando cucharaditas de las dos mezclas y al final, revolver ligeramente con un palito de dientes para crear las vetas.Hornear unos 20-25 minutos o hasta que hayan subido y estén esponjosos. Enfriarlos sobre una rejilla.

Para empezar por el principio les cuento que a mí me encanta cocinar algo para mis amigos que vienen de visita: postres, bocaditos o almuerzos completos, la verdad es que nadie se escapa de aquí sin haber sido alimentado. Está en mis genes, incrustado allí por mi adorada mamá que me perseguía por toda la casa para preguntarme si le había ofrecido algo de comer a mis amigos; no me creía cuando le decía que sí, claro, pero que ellos no querían nada; y luego les ofrecía algo personalmente. En este momento ocurría la traición: mis amigos aceptaban encantados y mi mamá me miraba con indignación y una buena dosis de la famosa culpa Pimentel por no ofrecer comida a las visitas.
De cualquier forma, el otro día se me ocurrió hacer esta receta de quequitos mármol para las visitas. Se ve muy sencilla y vistosa, pero, como todas mis historias, se complicó levemente. Esa tarde, ni bien estuvieron tres minutos dentro del horno, la CNFL decidió cortar la luz. Yupi. Pasaron veinte minutos, los quequitos siguieron en el horno, yo llamé a reportar la avería una docena de veces y de repente volvió la luz. Al abrir el horno, para mi gran sorpresa, los quequitos no se habían convertido en trocitos de mármol pétreo, sino que estaban deliciosos y comestibles. El honor Pimentel estaba a salvo.

Quequitos mármol todoterreno

175 gr de lactocrema ablandada (dejarla fuera del refri por unos 30 min)
175 gr de azúcar
3 huevos
175 gr de harina
2 cucharadas de leche
50 gr de chocolate semidulce derretido
Una pizca de canela
Una pizca de clavo molido
Media cucharadita de vainilla

Precalentar el horno a 180ºC. Poner 12 moldecitos de papel en una bandeja para muffins.

En un tazón mediano, batir la lactocrema ablandada con el azúcar, hasta que la mezcla se vea cremosa. Agregar los huevos uno a uno, junto con un par de cucharadas de harina y batir constantemente. Agregar la leche, la vainilla y la canela y batir.
Separar la mezcla en dos tazones. Agregar el chocolate derretido y el clavo a uno de los tazones y mezclarlo bien.
Llenar los moldecitos alternando cucharaditas de las dos mezclas y al final, revolver ligeramente con un palito de dientes para crear las vetas.

Hornear unos 20-25 minutos o hasta que hayan subido y estén esponjosos. Enfriarlos sobre una rejilla.

Las aceitunas son una de las grandes controversias de la vida. Sólo una selecta minoría de las personas que yo conozco se dignan a probarlas, hecho que yo tomo con estoicismo y con la satisfactoria filosofía de “no importa, así hay más para mí”. No muchos aman las aceitunas con la intensidad hiperbólica de esta cocinera: como buena peruana he probado aceitunas de todos tipos, verdes y negras, grandes y pequeñas, en salmuera y en lata (puaj). De niña, cuando me llevaban a comprar aceitunas, había que regresar a medio camino porque yo solita me había hecho cargo de medio kilo de delectables aceitunitas negras, tal es mi pasión desenfrenada por estas divinas bolitas carnosas y suculentas. Mejor ni hablemos de las atroces latas de “aceitunas” falsas que parecen de cartón remojado en agua con sal, las que aparecen en pizzas y sanguchitos. No, lo que se necesita para esta receta es una mezcla de aceitunas peruanas negras (de botija) y las españolas manzanillo: las peruanas yo las compro en Muñoz y Nanne y las verdes aparecen por todo lado (yo compro marca Ybarra).
Aceitunas marinadas con limón, ajo y tomillo8 rodajas de limón, cortadas en cuartos1 frasco pequeño de aceitunas verdes enteras, sin rellenar (de unos 180g escurridos)1 bolsita de aceitunas negras peruanas, con o sin semilla1 y 1/2 cucharaditas de tomillo seco2 dientes de ajo majadosUna botella de aceite de olivaMezclar todos los ingredientes (excepto el aceite) en un tazón y revolverlos bien. Pasarlo a una jarra de conservas hermética, esterilizada con agua hirviendo. Verter el aceite de oliva por encima, hasta cubrir las aceitunas. Cerrar bien la jarra y refrigerarla por unos dos días antes de empezar a comerse las aceitunas. Saben mejor a temperatura ambiente, así que es bueno sacar la porción deseada y dejarla unos minutos fuera del refrió antes de comerla con pan fresco. Es normal que el aceite se ponga espeso y opaco con el frío, pero regresa a su textura normal al calentarse. ¡Provecho!

Las aceitunas son una de las grandes controversias de la vida. Sólo una selecta minoría de las personas que yo conozco se dignan a probarlas, hecho que yo tomo con estoicismo y con la satisfactoria filosofía de “no importa, así hay más para mí”. No muchos aman las aceitunas con la intensidad hiperbólica de esta cocinera: como buena peruana he probado aceitunas de todos tipos, verdes y negras, grandes y pequeñas, en salmuera y en lata (puaj). De niña, cuando me llevaban a comprar aceitunas, había que regresar a medio camino porque yo solita me había hecho cargo de medio kilo de delectables aceitunitas negras, tal es mi pasión desenfrenada por estas divinas bolitas carnosas y suculentas. Mejor ni hablemos de las atroces latas de “aceitunas” falsas que parecen de cartón remojado en agua con sal, las que aparecen en pizzas y sanguchitos. No, lo que se necesita para esta receta es una mezcla de aceitunas peruanas negras (de botija) y las españolas manzanillo: las peruanas yo las compro en Muñoz y Nanne y las verdes aparecen por todo lado (yo compro marca Ybarra).


Aceitunas marinadas con limón, ajo y tomillo
8 rodajas de limón, cortadas en cuartos
1 frasco pequeño de aceitunas verdes enteras, sin rellenar (de unos 180g escurridos)
1 bolsita de aceitunas negras peruanas, con o sin semilla
1 y 1/2 cucharaditas de tomillo seco
2 dientes de ajo majados
Una botella de aceite de oliva

Mezclar todos los ingredientes (excepto el aceite) en un tazón y revolverlos bien. Pasarlo a una jarra de conservas hermética, esterilizada con agua hirviendo. Verter el aceite de oliva por encima, hasta cubrir las aceitunas. Cerrar bien la jarra y refrigerarla por unos dos días antes de empezar a comerse las aceitunas. Saben mejor a temperatura ambiente, así que es bueno sacar la porción deseada y dejarla unos minutos fuera del refrió antes de comerla con pan fresco. Es normal que el aceite se ponga espeso y opaco con el frío, pero regresa a su textura normal al calentarse. ¡Provecho!

Para mis queridos amigos veganos/vegetarianos, hoy les tengo una receta especial. Después de varios meses de silencio, Hambre y Prisa vuelve con una flamante receta de quinua. Ahora que los productos de mi querido y lejano Perú se han puesto tan de moda que ya es más fácil conseguir delicias como choclos gigantes, chicha morada en tetrabrik y, por supuesto, un arcoiris de quinua. Esta receta es un sabroso invento, que está listo en un dos por tres y que deja corazones contentos por doquier.Quinua con lentejas1 taza de quinua, enjuagada y escurrida (en un colador muy finito, por favor)2 tazas de agua o del caldo de su preferenciaMedia cebolla y un diente de ajo picadosun chorrito de aceite de olivaPimienta negra y sal al gustoCulantro picado, también al gustoUna lata de lentejitas listas para consumir, enjuagadas y escurridasEn una olla mediana, calentar el aceite y freír la cebolla y el ajo, revolviendo para que no se quemen. Una vez que estén dorados, agregar la quinua y revolver rápidamente. Agregar el agua o el caldo, pimienta y sal al gusto. Bajar el calor, tapar la olla y dejar cocinar hasta que los granitos de quinua estén transparentes y hayan absorbido todo o casi todo el caldo, alrededor de 20 ó 30 minutos. Agregar las lentejas y revolver. Poco antes de servir agregar el culantro ¡y listo!

Para mis queridos amigos veganos/vegetarianos, hoy les tengo una receta especial. Después de varios meses de silencio, Hambre y Prisa vuelve con una flamante receta de quinua. Ahora que los productos de mi querido y lejano Perú se han puesto tan de moda que ya es más fácil conseguir delicias como choclos gigantes, chicha morada en tetrabrik y, por supuesto, un arcoiris de quinua. Esta receta es un sabroso invento, que está listo en un dos por tres y que deja corazones contentos por doquier.

Quinua con lentejas

1 taza de quinua, enjuagada y escurrida (en un colador muy finito, por favor)
2 tazas de agua o del caldo de su preferencia
Media cebolla y un diente de ajo picados
un chorrito de aceite de oliva
Pimienta negra y sal al gusto
Culantro picado, también al gusto
Una lata de lentejitas listas para consumir, enjuagadas y escurridas

En una olla mediana, calentar el aceite y freír la cebolla y el ajo, revolviendo para que no se quemen. Una vez que estén dorados, agregar la quinua y revolver rápidamente. Agregar el agua o el caldo, pimienta y sal al gusto. Bajar el calor, tapar la olla y dejar cocinar hasta que los granitos de quinua estén transparentes y hayan absorbido todo o casi todo el caldo, alrededor de 20 ó 30 minutos. Agregar las lentejas y revolver. Poco antes de servir agregar el culantro ¡y listo!

Hace unos años, en el supermercado adquirí un divertido aparatito que causó la mayor felicidad en mi esposo: una diminuta olla freidora, de un litro de capacidad, que prometía irresponsablemente cocinar papas fritas, camarones empanizados, aros de cebolla y cualquier cantidad de delicias grasientas y doraditas. No la hemos usado tanto como a Ricky le gustaría, así que hoy se me ocurrió la famosa idea de hacer fish and chips para el almuerzo. Decir que la cocinada fue épica sería mentirles; decir que casi pierdo la tapita del dedo gordo mientras hacía la ensalada les puede dar una idea más certera de la magnitud del desorden que ocasionamos la olla freidora y yo. De todos modos, esta receta de pescado frito es deliciosa y llenadora, dorada y crocante. ¡La recomiendo!Pescado empanizado con cerveza1/4 de taza de harina autoleudante*1/4 de taza de maicena1 taza de harina corriente1 taza de cerveza de cualquier tipoUn montón de aceite vegetal, para freírSal y pimienta al gusto4 filetes de tilapia, cortados en unos 6 trozos cada unoAntes de empezar, precalentar el horno a 75ºC, para mantener caliente el pescado después de freír.En un tazón, cernir la harina autoleudante, la maicena y media taza de la harina corriente. Hacer un hoyo en el centro y agregar la cerveza poco a poco, mezclando bien con las varillas hasta que quede una pasta lisa y bastante suave. Cubrirlo con plástico autoadherente. En una bolsa de alimentos agregar la otra media taza de harina corriente, sal y pimienta al gusto y mezclar.En una sartén o en una ollita freidora, calentar suficiente aceite a 175ºC / 350F. Pasar los trozos de pescado por la harina: meterlos en la bolsa en tandas pequeñas, cerrar la bolsa y sacudir alegremente hasta que estén cubiertos. Revolver la masa de cerveza y pasar el pescado después por la masa, dejando que escurra el exceso. Cuando el aceite esté caliente, freír bien el pescado y darle vuelta con una espátula en caso de ser necesario. Freír por unos 4 - 5 minutos, hasta que esté doradito y bien cocido por dentro.Retirar del aceite y escurrir en un plato con toallas de papel. Mantener caliente en horno mientras se cocina todo. Servir con papas fritas y una deliciosa ensalada verde.*La harina autoleudante es una mezcla de 1 taza de harina corriente, 1 cucharadita de polvo de hornear, 1/2 cucharadita de sal y !/4 de cucharadita de bicarbonato de sodio. Cernir los ingredientes y conservar el resto en un tazón hermético.

Hace unos años, en el supermercado adquirí un divertido aparatito que causó la mayor felicidad en mi esposo: una diminuta olla freidora, de un litro de capacidad, que prometía irresponsablemente cocinar papas fritas, camarones empanizados, aros de cebolla y cualquier cantidad de delicias grasientas y doraditas. No la hemos usado tanto como a Ricky le gustaría, así que hoy se me ocurrió la famosa idea de hacer fish and chips para el almuerzo. Decir que la cocinada fue épica sería mentirles; decir que casi pierdo la tapita del dedo gordo mientras hacía la ensalada les puede dar una idea más certera de la magnitud del desorden que ocasionamos la olla freidora y yo. De todos modos, esta receta de pescado frito es deliciosa y llenadora, dorada y crocante. ¡La recomiendo!

Pescado empanizado con cerveza
1/4 de taza de harina autoleudante*
1/4 de taza de maicena
1 taza de harina corriente
1 taza de cerveza de cualquier tipo
Un montón de aceite vegetal, para freír
Sal y pimienta al gusto
4 filetes de tilapia, cortados en unos 6 trozos cada uno

Antes de empezar, precalentar el horno a 75ºC, para mantener caliente el pescado después de freír.
En un tazón, cernir la harina autoleudante, la maicena y media taza de la harina corriente. Hacer un hoyo en el centro y agregar la cerveza poco a poco, mezclando bien con las varillas hasta que quede una pasta lisa y bastante suave. Cubrirlo con plástico autoadherente. En una bolsa de alimentos agregar la otra media taza de harina corriente, sal y pimienta al gusto y mezclar.
En una sartén o en una ollita freidora, calentar suficiente aceite a 175ºC / 350F. Pasar los trozos de pescado por la harina: meterlos en la bolsa en tandas pequeñas, cerrar la bolsa y sacudir alegremente hasta que estén cubiertos. Revolver la masa de cerveza y pasar el pescado después por la masa, dejando que escurra el exceso. Cuando el aceite esté caliente, freír bien el pescado y darle vuelta con una espátula en caso de ser necesario. Freír por unos 4 - 5 minutos, hasta que esté doradito y bien cocido por dentro.Retirar del aceite y escurrir en un plato con toallas de papel. Mantener caliente en horno mientras se cocina todo. Servir con papas fritas y una deliciosa ensalada verde.

*La harina autoleudante es una mezcla de 1 taza de harina corriente, 1 cucharadita de polvo de hornear, 1/2 cucharadita de sal y !/4 de cucharadita de bicarbonato de sodio. Cernir los ingredientes y conservar el resto en un tazón hermético.

hambreyprisa:

Mi querido esposo cumplió años hoy y armamos, como es de costumbre, un gran fiestón, lleno de amigos, niños, comida y una enorme tartaleta de frutas. Para el menú populoso, decidí suprimir la famosa parrillada y me concentré en un buffet de tacos, burritos, gallitos o como quieran llamarlos. La pièce de resistance fue una deliciosa carne en salsa de cerveza: aromática, sabrosísima y tan suave que se derretía en la boca. Combinada con tortillas, frijolitos, hummus, guacamole, lechuga, pico de gallo, natilla y queso rallado, nuestro querido regimiento de amigos quedó más que alimentadoCarne en salsa de cerveza1.5 kg de cecina2 cebollas cortadas en rodajas finas y separadas en aros1 hoja de laurel1 lata de cerveza oscura (a mí me gusta la Bavaria Dark)1 sobrecito de caldo de costilla criollo, disuelto en 2 tazas de agua1 cucharadita de tomillo seco y un diente de ajo picadoPimienta negra, comino y paprika al gusto1/4 de taza de maicena, disuelta en un poco de agua fría (para espesar la salsa al día siguiente)Calentar aceite en una sartén y dorar la carne por tandas. Por mientras, colocar la cebolla y la hoja de laurel en la olla de cocimiento lento. En un tazón grande mezclar la cerveza, el caldo, el tomillo, el ajo y las especias. Colocar la carne dorada en la olla lenta, bañar con la salsa (en caso de ser necesario, agregar un poquito de agua para cubrir la carne). Tapar la olla y cocinar en “low” por un mínimo de 12 horas.Separar la carne y la cebolla del caldo con una espumadera. Pasar el caldo a una olla y poner a hervir. Agregar la maicena y revolver con cuidado hasta que espese. Devolver la carne a la olla y bañar con la salsa espesa, mantener calientito hasta que lo vayan a comer.

hambreyprisa:

Mi querido esposo cumplió años hoy y armamos, como es de costumbre, un gran fiestón, lleno de amigos, niños, comida y una enorme tartaleta de frutas. Para el menú populoso, decidí suprimir la famosa parrillada y me concentré en un buffet de tacos, burritos, gallitos o como quieran llamarlos. La pièce de resistance fue una deliciosa carne en salsa de cerveza: aromática, sabrosísima y tan suave que se derretía en la boca. Combinada con tortillas, frijolitos, hummus, guacamole, lechuga, pico de gallo, natilla y queso rallado, nuestro querido regimiento de amigos quedó más que alimentado

Carne en salsa de cerveza

1.5 kg de cecina
2 cebollas cortadas en rodajas finas y separadas en aros
1 hoja de laurel
1 lata de cerveza oscura (a mí me gusta la Bavaria Dark)
1 sobrecito de caldo de costilla criollo, disuelto en 2 tazas de agua
1 cucharadita de tomillo seco y un diente de ajo picado
Pimienta negra, comino y paprika al gusto
1/4 de taza de maicena, disuelta en un poco de agua fría (para espesar la salsa al día siguiente)

Calentar aceite en una sartén y dorar la carne por tandas. Por mientras, colocar la cebolla y la hoja de laurel en la olla de cocimiento lento. En un tazón grande mezclar la cerveza, el caldo, el tomillo, el ajo y las especias. Colocar la carne dorada en la olla lenta, bañar con la salsa (en caso de ser necesario, agregar un poquito de agua para cubrir la carne). Tapar la olla y cocinar en “low” por un mínimo de 12 horas.
Separar la carne y la cebolla del caldo con una espumadera. Pasar el caldo a una olla y poner a hervir. Agregar la maicena y revolver con cuidado hasta que espese. Devolver la carne a la olla y bañar con la salsa espesa, mantener calientito hasta que lo vayan a comer.

La torta Selvanegra es una de mis preferidas desde que la probé en alguna celebración alemana. Para mi desgracia, esa fue la única vez que probé una Schwarzwälder Kirschtorte (torta de cerezas de la Selva Negra) decente, las demás han sido pálidas sombras, llenas de horrendo chocolate de leche y crema batida en aerosol. En una de mis famosas expediciones al supermercado, encontré un par de latas de cerezas negras y tomé la ya famosa decisión de hacer una torta Selvanegra para mí solita. Obviamente, me tomó varios meses encontrar recetas, desecharlas todas por complicadas, inventarme mi propia versión, hornear y montar la torta y darme cuenta de sus exageradas dimensiones. A pesar de todo, la susodicha torta resultó un éxito de masas y la receta recibió la total aprobación del equipo probador. Eso sí, debo hacer la salvedad de que esta es una receta sencilla por comparación con las otras que encontré: como la mayoría de tortas decorativas, la Selvanegra es un proyecto laborioso, pero muy recomendado. Guten Appetit!3/4 taza de mantequilla
3 huevos
2 tazas de harina
3/4 taza de cocoa sin azúcar
1 cucharadita de bicarbonato
3/4 cucharadita de polvo de hornear
2 tazas de azúcar
2 cucharaditas de vainilla
1 1/2 tazas de leche1/8 cucharadita de clavo de olor molido1/8 cucharadita de canela molida
Dejar la mantequilla y los huevos reposar a temperatura ambiente por media hora. Engrasar el fondo de tres moldes redondos para queque y forrar la base con un círculo de papel engrasado. Volver a engrasar todos y espolvorear con pan molido.* Precalentar el horno a 175ºC.
En un tazón mediano, cernir la harina, cocoa, polvo de hornear y bicarbonato; poner a un lado. En un tazón grande, batir la mantequilla con una batidora, por unos 30 segundos a velocidad alta. Poco a poco agregar el azúcar, 1/4 de taza cada vez, batiendo a velocidad media, hasta que esté bien mezclado. Batir dos minutos más. Agregar los huevos de uno en uno, batiendo bien después de cada uno. Incorporar la vainilla. Agregar alternando la mezcla de harina y la leche, batiendo a velocidad baja. Una vez que esté mezclado, batir en velocidad alta por unos 20 segundos más.
Distribuir la masa en los tres moldes. Hornear entre 30 y 35 minutos, hasta que un palito clavado en el centro salga seco. Sacarlos del molde, desprender el papel engrasado y enfriarlos sobre una rejilla.* Yo sólo tengo dos moldes redondos para queque, entonces horneé primero dos capas, limpié el molde y luego horneé la última capa del queque.Crema Chantilly2 cajitas de 250ml de crema dulce2/3 taza de azúcarColocar los ingredientes en un tazón grande de vidrio y batirlos en velocidad media alta hasta que, al sacar las aspas de la batidora, se formen picos. No batir en exceso. Refrigerar hasta que se vaya a usar.Para armar la torta:1/3 taza de licor de cerezas o de naranja2 latas de cerezas sin semilla, en sirope ligero, escurridasRalladura de chocolate negro, para decorarEn un plato grande o de servir, colocar uno de los queques. Con una cucharita, esparcir la mitad del licor de cerezas (Kirschwasser) o, como hice yo, licor de naranja, por encima del queque. Reservar unas ocho cerezas para decorar la torta. Distribuir la mitad del resto de las cerezas por encima del queque y colocar una cuarta parte de la crema chantilly por encima. Colocar otro queque encima de esto y repetir la operación con la mitad restante de las cerezas, el licor y otra cuarta parte de la crema. Colocar el último queque encima de todo y cubrirlo por encima y por los costados con el resto de la crema chantilly. Con un pelador de verduras, rallar chocolate negro en un tazoncito y luego esparcirlo por encima de la torta. Colocar las cerezas reservadas decorativamente y listo.¡Conservar en la refri hasta que se vaya a comer!

La torta Selvanegra es una de mis preferidas desde que la probé en alguna celebración alemana. Para mi desgracia, esa fue la única vez que probé una Schwarzwälder Kirschtorte (torta de cerezas de la Selva Negra) decente, las demás han sido pálidas sombras, llenas de horrendo chocolate de leche y crema batida en aerosol.
En una de mis famosas expediciones al supermercado, encontré un par de latas de cerezas negras y tomé la ya famosa decisión de hacer una torta Selvanegra para mí solita. Obviamente, me tomó varios meses encontrar recetas, desecharlas todas por complicadas, inventarme mi propia versión, hornear y montar la torta y darme cuenta de sus exageradas dimensiones. A pesar de todo, la susodicha torta resultó un éxito de masas y la receta recibió la total aprobación del equipo probador. Eso sí, debo hacer la salvedad de que esta es una receta sencilla por comparación con las otras que encontré: como la mayoría de tortas decorativas, la Selvanegra es un proyecto laborioso, pero muy recomendado. Guten Appetit!

3/4 taza de mantequilla
3 huevos
2 tazas de harina
3/4 taza de cocoa sin azúcar
1 cucharadita de bicarbonato
3/4 cucharadita de polvo de hornear
2 tazas de azúcar
2 cucharaditas de vainilla
1 1/2 tazas de leche
1/8 cucharadita de clavo de olor molido
1/8 cucharadita de canela molida

Dejar la mantequilla y los huevos reposar a temperatura ambiente por media hora. Engrasar el fondo de tres moldes redondos para queque y forrar la base con un círculo de papel engrasado. Volver a engrasar todos y espolvorear con pan molido.*
Precalentar el horno a 175ºC.
En un tazón mediano, cernir la harina, cocoa, polvo de hornear y bicarbonato; poner a un lado. En un tazón grande, batir la mantequilla con una batidora, por unos 30 segundos a velocidad alta. Poco a poco agregar el azúcar, 1/4 de taza cada vez, batiendo a velocidad media, hasta que esté bien mezclado. Batir dos minutos más. Agregar los huevos de uno en uno, batiendo bien después de cada uno. Incorporar la vainilla. Agregar alternando la mezcla de harina y la leche, batiendo a velocidad baja. Una vez que esté mezclado, batir en velocidad alta por unos 20 segundos más.
Distribuir la masa en los tres moldes. Hornear entre 30 y 35 minutos, hasta que un palito clavado en el centro salga seco. Sacarlos del molde, desprender el papel engrasado y enfriarlos sobre una rejilla.
* Yo sólo tengo dos moldes redondos para queque, entonces horneé primero dos capas, limpié el molde y luego horneé la última capa del queque.

Crema Chantilly
2 cajitas de 250ml de crema dulce
2/3 taza de azúcar

Colocar los ingredientes en un tazón grande de vidrio y batirlos en velocidad media alta hasta que, al sacar las aspas de la batidora, se formen picos. No batir en exceso. Refrigerar hasta que se vaya a usar.

Para armar la torta:
1/3 taza de licor de cerezas o de naranja
2 latas de cerezas sin semilla, en sirope ligero, escurridas
Ralladura de chocolate negro, para decorar

En un plato grande o de servir, colocar uno de los queques. Con una cucharita, esparcir la mitad del licor de cerezas (Kirschwasser) o, como hice yo, licor de naranja, por encima del queque. Reservar unas ocho cerezas para decorar la torta. Distribuir la mitad del resto de las cerezas por encima del queque y colocar una cuarta parte de la crema chantilly por encima. Colocar otro queque encima de esto y repetir la operación con la mitad restante de las cerezas, el licor y otra cuarta parte de la crema. Colocar el último queque encima de todo y cubrirlo por encima y por los costados con el resto de la crema chantilly. Con un pelador de verduras, rallar chocolate negro en un tazoncito y luego esparcirlo por encima de la torta. Colocar las cerezas reservadas decorativamente y listo.

¡Conservar en la refri hasta que se vaya a comer!

Betty Crocker’s Guide to Easy EntertainingEn una de mis múltiples visitas a las librerías, desenterré un librito de aspecto inocente, pero que esconde uno de esos tremendos portales del tiempo en los que el descuidado lector se encuentra de pronto convertido en ama de casa en la suburbia de los años sesenta. Por supuesto que lo compré de inmediato y me lo leí en dos días (eso no hay ni que decirlo) y debo confesar que nunca en mi vida me había divertido tanto con un recetario.Esta edición facsímil de “Betty Crocker’s Guide to Easy Entertaining” de 1959 está repleta de los consejos más delirantes (¿agregarle glutamato monosódico al café?), los más complejos rituales de etiqueta claramente diseñados para reducir al ama de casa a un manojo de nervios (las mujeres de la casa son las que se encargan de extender TODAS las invitaciones y responderlas) y simpáticas recetas fotografiadas en los horrorosos colores de los años 60 (sánguches con lustre verde menta).Aún así, este libro nos recuerda varias cosas que me parecen fascinantes. Una mujer típica de fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta empezaba a enfrentarse con las múltiples demandas de la modernidad: Betty Crocker nos habla de una generación en la que las familias empezaban a perder a los sirvientes y algunas mujeres debían trabajar. Las reglas de la etiqueta no parecían relajarse, pero las obligaciones sociales se eternizaban en almuerzos buffet, tés de sociedad y cenas de medianoche (¡así como lo oyen!). Las mujeres cumplían el papel de mariscales de guerra al planear una invitación, desde el menú de tres platos hasta las decoraciones florales. La mítica Betty Crocker habla de sus amas de casa eficientes y preferidas, de tristísimos faux-pas (un invitado que llegó con un ramo de flores rojas y arruinó la cuidada decoración en grises y amarillos) y se comporta como un recordatorio de las ineludibles imposiciones a la mujer moderna.

Betty Crocker’s Guide to Easy Entertaining

En una de mis múltiples visitas a las librerías, desenterré un librito de aspecto inocente, pero que esconde uno de esos tremendos portales del tiempo en los que el descuidado lector se encuentra de pronto convertido en ama de casa en la suburbia de los años sesenta. Por supuesto que lo compré de inmediato y me lo leí en dos días (eso no hay ni que decirlo) y debo confesar que nunca en mi vida me había divertido tanto con un recetario.

Esta edición facsímil de “Betty Crocker’s Guide to Easy Entertaining” de 1959 está repleta de los consejos más delirantes (¿agregarle glutamato monosódico al café?), los más complejos rituales de etiqueta claramente diseñados para reducir al ama de casa a un manojo de nervios (las mujeres de la casa son las que se encargan de extender TODAS las invitaciones y responderlas) y simpáticas recetas fotografiadas en los horrorosos colores de los años 60 (sánguches con lustre verde menta).

Aún así, este libro nos recuerda varias cosas que me parecen fascinantes. Una mujer típica de fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta empezaba a enfrentarse con las múltiples demandas de la modernidad: Betty Crocker nos habla de una generación en la que las familias empezaban a perder a los sirvientes y algunas mujeres debían trabajar. Las reglas de la etiqueta no parecían relajarse, pero las obligaciones sociales se eternizaban en almuerzos buffet, tés de sociedad y cenas de medianoche (¡así como lo oyen!). Las mujeres cumplían el papel de mariscales de guerra al planear una invitación, desde el menú de tres platos hasta las decoraciones florales. La mítica Betty Crocker habla de sus amas de casa eficientes y preferidas, de tristísimos faux-pas (un invitado que llegó con un ramo de flores rojas y arruinó la cuidada decoración en grises y amarillos) y se comporta como un recordatorio de las ineludibles imposiciones a la mujer moderna.

La tarde cocinera de hoy tuvo su culminación en un delicioso pastel de frutas. Cuando llega la época de las fresas en 3 por mil, me toca buscar tres mil y un formas de comernos las cajitas de fresas antes de que se estropeen. En estos días ya he inventado recetas de fondue, ensaladas de aguacate y fresa, batidos… Sin embargo, hoy me levanté con ganas de hornear un buen pie de moras, tal vez con unos arándanos y, la verdad, las fresas me parecieron muy apetitosas. Está mal que yo lo diga, pero el resultado fue espectacular. :DPie de moras, arándanos y fresasRelleno2 tazas de arándanos congelados, enjuagados2 tazas de fresas, lavadas, sin las hojitas y cortadas por la mitaduna cajita de moras híbridas, lavadas1/3 de taza de azúcar1/3 de taza de harinaRalladura de limónPrecalentar el horno a 190ºC.En un tazón, mezclar la harina, el azúcar y la ralladura. Agregar las frutas y revolver con una cuchara. Dejar reposar mientras se hace la masa, para que los arándanos se vayan descongelando un poco (no importa que estén todavía congelados al momento de rellenar el pie).Este delicioso pie se hace con la receta básica de masa para pie, pero en esta ocasión haremos el doble para que alcance para la base y la tapa. En la receta ya están las cantidades necesarias para hacer el doble.Masa básica para pie 2 tazas + 1/4 ó 1/2 de harina cernida2 barras de lactocrema ablandadas1/2 taza de azúcarAgua heladaRalladura de limón o naranja

En un tazón colocar la harina, la ralladura, el azúcar y la lactocrema, cortada en trozos. Incorporar todo con un mezclador de masa o con un par de tenedores, hasta que la masa parezca migas. Agregar cucharaditas de agua helada y mezclar suavemente con los dedos hasta que tenga la consistencia de la plasticina. Si está muy húmeda, se agrega más harina (por eso se ocupa entre 1/4 y 1/2 taza más de harina). Formar una bola y meterla en la refri por un rato, dentro del tazón. Así la masa será más fácil de trabajar, porque si está tibia se vuelve muy pegajosa.
Una vez que esté manejable, se pueden forrar el molde. Se usa un molde vidrio para pie (que parece un plato grande con paredes altas). Engrasar y enharinar el molde. Dividir la masa en dos partes y extender cada con un rodillo para formar los discos de pasta. El truco es colocar la masa entre dos trozos de plástico autoadherente, para que no se peguen a la mesa ni al rodillo. Luego se retira un lado del plástico, se coloca la masa en el molde y se retira el otro lado del plástico.Una vez forrado el molde, se agrega el relleno de frutas y se coloca la tapa de masa. Con los dedos, unir la tapa a la base. Con un cuchillo pequeño se hacen pequeños cortes en la tapa. Para esto, lo más útil es meter la hoja del cuchillo en harina después de cada corte, de modo que no se pegue el cuchillo a la masa. Espolvorear con azúcar y meter al horno. Hornear por unos 50 min, o hasta que el relleno esté burbujeando por los cortes de la tapa. Se puede dorar un poco el pastel por encima antes de sacarlo del horno. Dejarlo enfriar por lo menos media hora, para que el relleno cuaje. ¡Listo!

La tarde cocinera de hoy tuvo su culminación en un delicioso pastel de frutas. Cuando llega la época de las fresas en 3 por mil, me toca buscar tres mil y un formas de comernos las cajitas de fresas antes de que se estropeen. En estos días ya he inventado recetas de fondue, ensaladas de aguacate y fresa, batidos… Sin embargo, hoy me levanté con ganas de hornear un buen pie de moras, tal vez con unos arándanos y, la verdad, las fresas me parecieron muy apetitosas. Está mal que yo lo diga, pero el resultado fue espectacular. :D

Pie de moras, arándanos y fresas

Relleno
2 tazas de arándanos congelados, enjuagados
2 tazas de fresas, lavadas, sin las hojitas y cortadas por la mitad
una cajita de moras híbridas, lavadas
1/3 de taza de azúcar
1/3 de taza de harina
Ralladura de limón

Precalentar el horno a 190ºC.
En un tazón, mezclar la harina, el azúcar y la ralladura. Agregar las frutas y revolver con una cuchara. Dejar reposar mientras se hace la masa, para que los arándanos se vayan descongelando un poco (no importa que estén todavía congelados al momento de rellenar el pie).

Este delicioso pie se hace con la receta básica de masa para pie, pero en esta ocasión haremos el doble para que alcance para la base y la tapa. En la receta ya están las cantidades necesarias para hacer el doble.

Masa básica para pie
2 tazas + 1/4 ó 1/2 de harina cernida
2 barras de lactocrema ablandadas
1/2 taza de azúcar
Agua helada
Ralladura de limón o naranja



En un tazón colocar la harina, la ralladura, el azúcar y la lactocrema, cortada en trozos. Incorporar todo con un mezclador de masa o con un par de tenedores, hasta que la masa parezca migas. Agregar cucharaditas de agua helada y mezclar suavemente con los dedos hasta que tenga la consistencia de la plasticina. Si está muy húmeda, se agrega más harina (por eso se ocupa entre 1/4 y 1/2 taza más de harina). Formar una bola y meterla en la refri por un rato, dentro del tazón. Así la masa será más fácil de trabajar, porque si está tibia se vuelve muy pegajosa.


Una vez que esté manejable, se pueden forrar el molde. Se usa un molde vidrio para pie (que parece un plato grande con paredes altas). Engrasar y enharinar el molde. Dividir la masa en dos partes y extender cada con un rodillo para formar los discos de pasta. El truco es colocar la masa entre dos trozos de plástico autoadherente, para que no se peguen a la mesa ni al rodillo. Luego se retira un lado del plástico, se coloca la masa en el molde y se retira el otro lado del plástico.

Una vez forrado el molde, se agrega el relleno de frutas y se coloca la tapa de masa. Con los dedos, unir la tapa a la base. Con un cuchillo pequeño se hacen pequeños cortes en la tapa. Para esto, lo más útil es meter la hoja del cuchillo en harina después de cada corte, de modo que no se pegue el cuchillo a la masa.

Espolvorear con azúcar y meter al horno. Hornear por unos 50 min, o hasta que el relleno esté burbujeando por los cortes de la tapa. Se puede dorar un poco el pastel por encima antes de sacarlo del horno. Dejarlo enfriar por lo menos media hora, para que el relleno cuaje. ¡Listo!

Para celebrar los cumpleaños, en mi familia seguimos una deliciosa tradición: el queque del cumpleañero nunca se compra, sino que siempre debe hornearse en casa. De niña, mi preferido era un bizcochuelo relleno de crema chantilly y melocotón en almíbar; mientras que un año mi hermano le pidió a mi mamá una laboriosísima Doboschtorte, con capas y capas de crepas con crema de chocolate en medio. Para este 21 de diciembre, decidí probar una nueva receta para mi cumpleaños: una torta de nueces y moca, en parte porque tenía todos los ingredientes en la casa y en parte porque la foto del recetario se veía decadente. Mal está que yo diga que quedó deliciosa, pero así fue. Lo mejor de todo fue escuchar a Jazmín cantarme cumpleaños mientras yo cortaba el queque: la verdad es que soy terriblemente sentimental.Torta de nueces y moca2 tazas de nueces, levemente tostadas*2 cucharadas de harina2 y 1/2 cucharaditas de polvo de hornear4 huevos3/4 taza de azúcarPrecalentar el horno a 180ºC. Engrasar la base de dos moldes redondos de 8 x 1 1/2 pulgadas, cubrir la base con papel encerado y engrasar y enharinar los moldes.En un tazón mediano, cernir la harina con el polvo de hornear y mezclarlos con las nueces. En el procesador de alimentos, colocar los huevos y el azúcar y procesarlos hasta que estén bien mezclados (es bastante rápido). Puede ser que necesiten raspar los lados del procesador con una espátula para mezclar todo bien. Agregar las nueces mezcladas con la harina y procesarlos hasta que estén homogéneos. A veces quedan algunos pedazos de nueces más grandes, que le dan una textura interesante al bizcochuelo. Dividir la masa entre los dos moldes y hornear entre 20 y 25 minutos o hasta que los queques estén firmes pero no duros. Enfriarlos sobre una rejilla. Una vez fríos, cubrirlos con el lustre y colocarlos uno encima del otro. Refrigerar por unas 2 horas, como mínimo, antes de servir.Mientras se hornean los queques, preparar el lustre de moca y chocolate:1 cucharadita de café instantáneo250 ml de crema dulce1/3 taza de azúcar1/4 taza de cocoa sin azúcar1/2 cucharadita de vainillaEn un tazón de vidrio mediano, disolver el café en la crema dulce. Agregar el azúcar, la vainilla y la cocoa. Batir en velocidad media hasta que se forme una crema bastante firme: cuando se retiran las aspas de la batidora, la crema forma picos que se sostienen rectos.*Nota final: las nueces tostadas resultan más sabrosas. Para tostarlas, se esparcen en una bandeja para horno y se hornean a 180ºC, entre 5 y 10 min. Es importante estarlas mirando y revolviendo con cierta frecuencia para que no se quemen, porque se estropean con facilidad.

Para celebrar los cumpleaños, en mi familia seguimos una deliciosa tradición: el queque del cumpleañero nunca se compra, sino que siempre debe hornearse en casa. De niña, mi preferido era un bizcochuelo relleno de crema chantilly y melocotón en almíbar; mientras que un año mi hermano le pidió a mi mamá una laboriosísima Doboschtorte, con capas y capas de crepas con crema de chocolate en medio. Para este 21 de diciembre, decidí probar una nueva receta para mi cumpleaños: una torta de nueces y moca, en parte porque tenía todos los ingredientes en la casa y en parte porque la foto del recetario se veía decadente. Mal está que yo diga que quedó deliciosa, pero así fue. Lo mejor de todo fue escuchar a Jazmín cantarme cumpleaños mientras yo cortaba el queque: la verdad es que soy terriblemente sentimental.

Torta de nueces y moca

2 tazas de nueces, levemente tostadas*
2 cucharadas de harina
2 y 1/2 cucharaditas de polvo de hornear
4 huevos
3/4 taza de azúcar

Precalentar el horno a 180ºC. Engrasar la base de dos moldes redondos de 8 x 1 1/2 pulgadas, cubrir la base con papel encerado y engrasar y enharinar los moldes.

En un tazón mediano, cernir la harina con el polvo de hornear y mezclarlos con las nueces. En el procesador de alimentos, colocar los huevos y el azúcar y procesarlos hasta que estén bien mezclados (es bastante rápido). Puede ser que necesiten raspar los lados del procesador con una espátula para mezclar todo bien. Agregar las nueces mezcladas con la harina y procesarlos hasta que estén homogéneos. A veces quedan algunos pedazos de nueces más grandes, que le dan una textura interesante al bizcochuelo.
Dividir la masa entre los dos moldes y hornear entre 20 y 25 minutos o hasta que los queques estén firmes pero no duros. Enfriarlos sobre una rejilla. Una vez fríos, cubrirlos con el lustre y colocarlos uno encima del otro. Refrigerar por unas 2 horas, como mínimo, antes de servir.

Mientras se hornean los queques, preparar el lustre de moca y chocolate:
1 cucharadita de café instantáneo
250 ml de crema dulce
1/3 taza de azúcar
1/4 taza de cocoa sin azúcar
1/2 cucharadita de vainilla

En un tazón de vidrio mediano, disolver el café en la crema dulce. Agregar el azúcar, la vainilla y la cocoa. Batir en velocidad media hasta que se forme una crema bastante firme: cuando se retiran las aspas de la batidora, la crema forma picos que se sostienen rectos.

*Nota final: las nueces tostadas resultan más sabrosas. Para tostarlas, se esparcen en una bandeja para horno y se hornean a 180ºC, entre 5 y 10 min. Es importante estarlas mirando y revolviendo con cierta frecuencia para que no se quemen, porque se estropean con facilidad.

Entrevista de doña Marjorie Ross en El Financiero.

Un día de noviembre recibí una invitación para almorar con la reconocida gastrónoma y periodista Marjorie Ross. Accedí más que encantada y nos encontramos en el Restaurante Il Ritorno, de la Casa Italia. Allí comimos deliciosamente y entretuvimos una agradabilísima conversación sobre nuestras múltiples ocupaciones (entre periodistas, escritoras, cocineras, mamás y diseñadoras reuníamos por lo menos una docena de títulos entre las dos). Este es el artículo que doña Marjorie publicó al respecto. El restaurante está más que recomendado. :)

La olla de cocimiento lento es una maravilla para la gente que planea tener hambre varias horas después de cocinar. Ayer pasé por el súper y decidí volver a la casa con un kilo de costillas de cerdo y una botella de salsa inglesa, pero sin una idea clara de cómo meter ambas cosas en un solo plato (nada más me alegro de que no volví con una bolsa de marsmelos y un kilo de pescado, porque hubiera resultado notablemente menos exitoso). Me di a la tarea de buscar una receta que pudiera cocinar en la famosa olla lenta y tuve que desechar mi primera opción por que me di cuenta, un domingo a las 8:15 p. m., de que no había jugo de manzana. Parecía un reto televisado: haga algo comestible con los ingredientes de la alacena, un kilo de costillas, una olla lenta y la internet. Esto fue lo que resultó.
Costillas de cerdo en salsa1 ó 1.5 kilos de costillas de cerdoAceite2 tazas de agua caliente1 lata de tomates en trozos1 cebolla mediana, picada2 cucharadas de vinagre (ojalá de sidra)3 cucharadas de azúcar morena o tapa dulce molida4 cucharaditas de salsa inglesa (Worcestershire)1 cucharadita de mostaza Dijon1 sobrecito de caldo de costilla criollo1/4 de cucharadita de paprika1/4 de cucharadita de pimienta negraEn una sartén grande, dorar las costillas con un chorrito de aceite, dándoles vuelta para que se doren uniformemente.Por mientras, mezclar los demás ingredientes (menos el aceite) en un tazón de vidrio mediano. Una vez que estén doradas, pasar las costillas a la olla lenta, cubrirlas con la salsa y tapar. Cocinar por unas 8 horas en “low”.Destapar, separar la carne de las costillas y descartar los huesos y/o la grasa. Mantener caliente y tapado. Pasar la salsa a una olla, cocinar hasta que hierva y dejarla burbujear en fuego bajo, por unos 15 minutos. En una tacita, mezclar 1/4 de taza de agua fría y 4 cucharadas de maicena, revolver hasta que se disuelva. Agregar la maicena a la salsa y revolver suavemente hasta que espese. Si desean una salsa más fina, se puede licuar antes de servir.Servir las costillas con papas hervidas, arvejitas al vapor y bastante salsa. :)

La olla de cocimiento lento es una maravilla para la gente que planea tener hambre varias horas después de cocinar. Ayer pasé por el súper y decidí volver a la casa con un kilo de costillas de cerdo y una botella de salsa inglesa, pero sin una idea clara de cómo meter ambas cosas en un solo plato (nada más me alegro de que no volví con una bolsa de marsmelos y un kilo de pescado, porque hubiera resultado notablemente menos exitoso). Me di a la tarea de buscar una receta que pudiera cocinar en la famosa olla lenta y tuve que desechar mi primera opción por que me di cuenta, un domingo a las 8:15 p. m., de que no había jugo de manzana. Parecía un reto televisado: haga algo comestible con los ingredientes de la alacena, un kilo de costillas, una olla lenta y la internet. Esto fue lo que resultó.


Costillas de cerdo en salsa
1 ó 1.5 kilos de costillas de cerdo
Aceite
2 tazas de agua caliente
1 lata de tomates en trozos
1 cebolla mediana, picada
2 cucharadas de vinagre (ojalá de sidra)
3 cucharadas de azúcar morena o tapa dulce molida
4 cucharaditas de salsa inglesa (Worcestershire)
1 cucharadita de mostaza Dijon
1 sobrecito de caldo de costilla criollo
1/4 de cucharadita de paprika
1/4 de cucharadita de pimienta negra

En una sartén grande, dorar las costillas con un chorrito de aceite, dándoles vuelta para que se doren uniformemente.
Por mientras, mezclar los demás ingredientes (menos el aceite) en un tazón de vidrio mediano. Una vez que estén doradas, pasar las costillas a la olla lenta, cubrirlas con la salsa y tapar. Cocinar por unas 8 horas en “low”.

Destapar, separar la carne de las costillas y descartar los huesos y/o la grasa. Mantener caliente y tapado. Pasar la salsa a una olla, cocinar hasta que hierva y dejarla burbujear en fuego bajo, por unos 15 minutos. En una tacita, mezclar 1/4 de taza de agua fría y 4 cucharadas de maicena, revolver hasta que se disuelva. Agregar la maicena a la salsa y revolver suavemente hasta que espese. Si desean una salsa más fina, se puede licuar antes de servir.

Servir las costillas con papas hervidas, arvejitas al vapor y bastante salsa. :)

Este fue el almuerzo del otro día, patrocinado por mi amor incondicional a las mini verduritas. En el super, siempre me detengo a ver los tomatitos, mini zanahorias, zapallitos, vainitas y demás pequeñeces y la semana antepasada no fue la excepción. Me encontré con una bandeja de colecitas de Bruselas, redondas y verdes, con todo el aspecto de un repollo de paseo por Liliput.El día de cocinarlas, tuve que llamar a mi mamá a preguntarle qué hacía con las famosas coles. La mayoría de gente las rehuye como si las pobres fueran la hermanastra pestilente de Cenicienta y, según mis averiguaciones, esto ocurre porque la myoría de la gente recocina las coles de Bruselas. En ese momento se ponen grises y mustias y pierden por completo la gracia. Para disfrutarlas mejor, hay que cocinarlas poco, de modo que se pongan verdes y lustrosas. Saben un poco amarguitas, pero son crujientes y deliciosas.Chuletas ahumadas con papas al horno y coles de Bruselas salteadas4 chuletas ahumadas4 rodajas de piña (de lata), con un poco de su jugoClavos de olor enterosPapitas pequeñas, lavadas y cortadas por la mitadAceite de olivaRomero, tomillo, pimienta recién molida y sal gruesaUn chorrito de vino blancoColes de Bruselas, lavadasAceite de olivaSemillas de eneldo, pimienta recién molida y sal gruesaPrecalentar el horno a 250ºC. A cada chuleta se le incrustan unos 3 clavitos de olor. En un pyrex grande con tapa, disponer las chuletas con una rodaja de piña por encima, bañarlas con algo del jugo de la piña. Tapar el pyrex y meter al horno por alrededor de una hora.Untar con  aceite de oliva otro pyrex mediano con tapa, y colocar dentro las papitas. Aderezar con las especias, agregar un chorrito de vino blanco y tapar. Meter al horno junto a las chuletas y cocinar por más o menos una hora.Unos 10 minutos antes de que estén listas las chuletas y las papas, se cocinan las coles. Para prepararlas, se debe cortar la parte oscura de la base y retirar las hojitas que estén secas o machucadas. Para que se cocinen uniformemente, se puede hacer un par de cortes en la base de cada colecita, con forma de cruz. Enjuagarlas en un colador y dejarlas escurrir. Calentar el aceite de oliva en una sartén mediana, en calor medio-alto y agregar las colecitas. Saltearlas, moviéndolas con frecuencia para que no se quemen. Están listas cuando se vean de color verde brillante, con partes doraditas (unos 5 a 8 minutos, aproximadamente). La gracia es que queden crujientes y frescas, no recocinadas y suaves. Retirar la sartén del fuego, taparla y dejar reposar las coles unos 5 minutos.Servir todo junto. :)

Este fue el almuerzo del otro día, patrocinado por mi amor incondicional a las mini verduritas. En el super, siempre me detengo a ver los tomatitos, mini zanahorias, zapallitos, vainitas y demás pequeñeces y la semana antepasada no fue la excepción. Me encontré con una bandeja de colecitas de Bruselas, redondas y verdes, con todo el aspecto de un repollo de paseo por Liliput.
El día de cocinarlas, tuve que llamar a mi mamá a preguntarle qué hacía con las famosas coles. La mayoría de gente las rehuye como si las pobres fueran la hermanastra pestilente de Cenicienta y, según mis averiguaciones, esto ocurre porque la myoría de la gente recocina las coles de Bruselas. En ese momento se ponen grises y mustias y pierden por completo la gracia. Para disfrutarlas mejor, hay que cocinarlas poco, de modo que se pongan verdes y lustrosas. Saben un poco amarguitas, pero son crujientes y deliciosas.
Chuletas ahumadas con papas al horno y coles de Bruselas salteadas
4 chuletas ahumadas
4 rodajas de piña (de lata), con un poco de su jugo
Clavos de olor enteros

Papitas pequeñas, lavadas y cortadas por la mitad
Aceite de oliva
Romero, tomillo, pimienta recién molida y sal gruesa
Un chorrito de vino blanco

Coles de Bruselas, lavadas
Aceite de oliva
Semillas de eneldo, pimienta recién molida y sal gruesa

Precalentar el horno a 250ºC. A cada chuleta se le incrustan unos 3 clavitos de olor. En un pyrex grande con tapa, disponer las chuletas con una rodaja de piña por encima, bañarlas con algo del jugo de la piña. Tapar el pyrex y meter al horno por alrededor de una hora.

Untar con  aceite de oliva otro pyrex mediano con tapa, y colocar dentro las papitas. Aderezar con las especias, agregar un chorrito de vino blanco y tapar. Meter al horno junto a las chuletas y cocinar por más o menos una hora.

Unos 10 minutos antes de que estén listas las chuletas y las papas, se cocinan las coles. Para prepararlas, se debe cortar la parte oscura de la base y retirar las hojitas que estén secas o machucadas. Para que se cocinen uniformemente, se puede hacer un par de cortes en la base de cada colecita, con forma de cruz. Enjuagarlas en un colador y dejarlas escurrir. Calentar el aceite de oliva en una sartén mediana, en calor medio-alto y agregar las colecitas. Saltearlas, moviéndolas con frecuencia para que no se quemen. Están listas cuando se vean de color verde brillante, con partes doraditas (unos 5 a 8 minutos, aproximadamente). La gracia es que queden crujientes y frescas, no recocinadas y suaves. Retirar la sartén del fuego, taparla y dejar reposar las coles unos 5 minutos.
Servir todo junto. :)

Esta receta es especial para los que aman las ensaladas contundentes. Me encantó porque es una forma de meter un poco de todo y de comer rápido, porque el resultado no tarda más de 20 minutos. La primera vez que la hice, la motivación principal fue un aguacate que estaba listo para comer. Yo soy bieeeen perezosa para comer aguacate (o palta, como decimos los suramericanos), pero a Ricky le fascina. El aguacate estaba ahí, el esposo estaba ahí y los dos me miraban con angustia. Así que agarré mi recetario de ensaladas, cambié un poco la receta (obvio) y obtuvimos esto.
Ensalada Cobb1 aguacate2 huevos duros4 rebanadas de tocineta, fritas y en trocitosMedia cebolla morada, en arosUn tomate, en rebanadasMedia taza de maíz y arvejas congeladas, pero descongeladasHojas de lechuga, ojalá un par de tipos distintosPara el aderezo:Jugo de limónAceite de olivaSal y pimienta recién molidaVirutas de queso parmesano.En un tazón, colocar las hojas de lechuga, el tomate, las arvejas y el maíz dulce, la cebolla, el aguacate, el huevo cortado en cuartos y la tocineta por encima. Aderezar y decorar con el queso parmesano.

Esta receta es especial para los que aman las ensaladas contundentes. Me encantó porque es una forma de meter un poco de todo y de comer rápido, porque el resultado no tarda más de 20 minutos. La primera vez que la hice, la motivación principal fue un aguacate que estaba listo para comer. Yo soy bieeeen perezosa para comer aguacate (o palta, como decimos los suramericanos), pero a Ricky le fascina. El aguacate estaba ahí, el esposo estaba ahí y los dos me miraban con angustia. Así que agarré mi recetario de ensaladas, cambié un poco la receta (obvio) y obtuvimos esto.

Ensalada Cobb

1 aguacate
2 huevos duros
4 rebanadas de tocineta, fritas y en trocitos
Media cebolla morada, en aros
Un tomate, en rebanadas
Media taza de maíz y arvejas congeladas, pero descongeladas
Hojas de lechuga, ojalá un par de tipos distintos

Para el aderezo:
Jugo de limón
Aceite de oliva
Sal y pimienta recién molida
Virutas de queso parmesano.

En un tazón, colocar las hojas de lechuga, el tomate, las arvejas y el maíz dulce, la cebolla, el aguacate, el huevo cortado en cuartos y la tocineta por encima. Aderezar y decorar con el queso parmesano.

Decidí probar esta receta simplemente porque la salsa se veía absolutamente delirante. Hay veces en que, simplemente, uno debe dejarse llevar por el antojo súbito de un título prometedor (¿cremosa salsa de repollo? ¿Quién dijo miedo?), para toparse de frente con una receta exquisita. La verdad es que la disfrutamos mucho aquella vez, tanto que esta semana volví a comprar dos enormes repollos, que se complementarán con los dos kilos quincenales de zanahorias que compramos en la casa. ¿Dos kilos?, se preguntará el sorprendido lector. Así es, queridos, dos kilos para dos conejos-mascota-sibaritas, de esos que no comen zacate sino albahaca. Tal parece que  aquí los humanos no son los únicos chineados al comer.Hamburguesas con tocineta y cremosa salsa de repollo (de dos colores)500g de carne molida de res4 rebanadas de tocineta, en trocitos1 cebolla picada1 diente de ajo, picado1 huevo1 cucharada de mostaza dijon4 panes de hamburguesa, toastaditos4 hojas de la lechuga de su preferenciarodajas de tomatesal y pimienta al gustoaceite de olivaEn un tazón, mezclar la carne, tocineta, cebolla, ajo, huevo, mostaza, sal y pimienta. Si la mezcla queda muy húmeda, se le puede agregar pan molido por cucharaditas hasta que quede levemente pegajosa. Formar 4 hamburguesas grandes, 6 medianas u 8 pequeñas. Ponerlas en un plato, cubrirlas con plástico y dejarlas reposar en la refri por 30 min.Por mientras, hacer la salsa de repollo.*Calentar el aceite de oliva y freír las tortas por ambos lados hasta que estén bien cocidas. Montar las hamburguesas y comérselas de inmediato. ¡Es una orden!* Cremosa salsa de repollo (de dos colores)1/2 taza de repollo blanco rallado1/2 taza de repollo morado rallado1 zanahoria, pelada y rallada1/4 de cebolla blanca, en rodajas finitas1 cucharada de sal2 cucharaditas de azúcar1 cucharada de vinagre blanco1/4 taza de mayonesa1/4 taza de natillaSal y pimienta al gustoColocar las verduras en un colador plástico, rociarlas con la cucharada de sal, el azúcar y el vinagre y mezclarlos. Poner el colador sobre un tazón y dejar que se drene por unos 20 min. (Cuando yo lo hice no salió nada de líquido, pero igual sabía delicioso al final).Pasar las verduras a un tazón grande y agregar la mayonesa y la natilla. Revolver bien y aderezar con sal y pimienta al gusto.

Decidí probar esta receta simplemente porque la salsa se veía absolutamente delirante. Hay veces en que, simplemente, uno debe dejarse llevar por el antojo súbito de un título prometedor (¿cremosa salsa de repollo? ¿Quién dijo miedo?), para toparse de frente con una receta exquisita. La verdad es que la disfrutamos mucho aquella vez, tanto que esta semana volví a comprar dos enormes repollos, que se complementarán con los dos kilos quincenales de zanahorias que compramos en la casa. ¿Dos kilos?, se preguntará el sorprendido lector. Así es, queridos, dos kilos para dos conejos-mascota-sibaritas, de esos que no comen zacate sino albahaca. Tal parece que  aquí los humanos no son los únicos chineados al comer.

Hamburguesas con tocineta y cremosa salsa de repollo (de dos colores)
500g de carne molida de res
4 rebanadas de tocineta, en trocitos
1 cebolla picada
1 diente de ajo, picado
1 huevo
1 cucharada de mostaza dijon
4 panes de hamburguesa, toastaditos
4 hojas de la lechuga de su preferencia
rodajas de tomate
sal y pimienta al gusto
aceite de oliva

En un tazón, mezclar la carne, tocineta, cebolla, ajo, huevo, mostaza, sal y pimienta. Si la mezcla queda muy húmeda, se le puede agregar pan molido por cucharaditas hasta que quede levemente pegajosa. Formar 4 hamburguesas grandes, 6 medianas u 8 pequeñas. Ponerlas en un plato, cubrirlas con plástico y dejarlas reposar en la refri por 30 min.
Por mientras, hacer la salsa de repollo.*
Calentar el aceite de oliva y freír las tortas por ambos lados hasta que estén bien cocidas. Montar las hamburguesas y comérselas de inmediato. ¡Es una orden!

* Cremosa salsa de repollo (de dos colores)
1/2 taza de repollo blanco rallado
1/2 taza de repollo morado rallado
1 zanahoria, pelada y rallada
1/4 de cebolla blanca, en rodajas finitas
1 cucharada de sal
2 cucharaditas de azúcar
1 cucharada de vinagre blanco
1/4 taza de mayonesa
1/4 taza de natilla
Sal y pimienta al gusto

Colocar las verduras en un colador plástico, rociarlas con la cucharada de sal, el azúcar y el vinagre y mezclarlos. Poner el colador sobre un tazón y dejar que se drene por unos 20 min. (Cuando yo lo hice no salió nada de líquido, pero igual sabía delicioso al final).
Pasar las verduras a un tazón grande y agregar la mayonesa y la natilla. Revolver bien y aderezar con sal y pimienta al gusto.

Para empezar por el principio les cuento que a mí me encanta cocinar algo para mis amigos que vienen de visita: postres, bocaditos o almuerzos completos, la verdad es que nadie se escapa de aquí sin haber sido alimentado. Está en mis genes, incrustado allí por mi adorada mamá que me perseguía por toda la casa para preguntarme si le había ofrecido algo de comer a mis amigos; no me creía cuando le decía que sí, claro, pero que ellos no querían nada; y luego les ofrecía algo personalmente. En este momento ocurría la traición: mis amigos aceptaban encantados y mi mamá me miraba con indignación y una buena dosis de la famosa culpa Pimentel por no ofrecer comida a las visitas.De cualquier forma, el otro día se me ocurrió hacer esta receta de quequitos mármol para las visitas. Se ve muy sencilla y vistosa, pero, como todas mis historias, se complicó levemente. Esa tarde, ni bien estuvieron tres minutos dentro del horno, la CNFL decidió cortar la luz. Yupi. Pasaron veinte minutos, los quequitos siguieron en el horno, yo llamé a reportar la avería una docena de veces y de repente volvió la luz. Al abrir el horno, para mi gran sorpresa, los quequitos no se habían convertido en trocitos de mármol pétreo, sino que estaban deliciosos y comestibles. El honor Pimentel estaba a salvo.Quequitos mármol todoterreno
175 gr de lactocrema ablandada (dejarla fuera del refri por unos 30 min)175 gr de azúcar3 huevos175 gr de harina2 cucharadas de leche50 gr de chocolate semidulce derretidoUna pizca de canelaUna pizca de clavo molidoMedia cucharadita de vainillaPrecalentar el horno a 180ºC. Poner 12 moldecitos de papel en una bandeja para muffins.En un tazón mediano, batir la lactocrema ablandada con el azúcar, hasta que la mezcla se vea cremosa. Agregar los huevos uno a uno, junto con un par de cucharadas de harina y batir constantemente. Agregar la leche, la vainilla y la canela y batir.Separar la mezcla en dos tazones. Agregar el chocolate derretido y el clavo a uno de los tazones y mezclarlo bien.Llenar los moldecitos alternando cucharaditas de las dos mezclas y al final, revolver ligeramente con un palito de dientes para crear las vetas.Hornear unos 20-25 minutos o hasta que hayan subido y estén esponjosos. Enfriarlos sobre una rejilla.

Para empezar por el principio les cuento que a mí me encanta cocinar algo para mis amigos que vienen de visita: postres, bocaditos o almuerzos completos, la verdad es que nadie se escapa de aquí sin haber sido alimentado. Está en mis genes, incrustado allí por mi adorada mamá que me perseguía por toda la casa para preguntarme si le había ofrecido algo de comer a mis amigos; no me creía cuando le decía que sí, claro, pero que ellos no querían nada; y luego les ofrecía algo personalmente. En este momento ocurría la traición: mis amigos aceptaban encantados y mi mamá me miraba con indignación y una buena dosis de la famosa culpa Pimentel por no ofrecer comida a las visitas.
De cualquier forma, el otro día se me ocurrió hacer esta receta de quequitos mármol para las visitas. Se ve muy sencilla y vistosa, pero, como todas mis historias, se complicó levemente. Esa tarde, ni bien estuvieron tres minutos dentro del horno, la CNFL decidió cortar la luz. Yupi. Pasaron veinte minutos, los quequitos siguieron en el horno, yo llamé a reportar la avería una docena de veces y de repente volvió la luz. Al abrir el horno, para mi gran sorpresa, los quequitos no se habían convertido en trocitos de mármol pétreo, sino que estaban deliciosos y comestibles. El honor Pimentel estaba a salvo.

Quequitos mármol todoterreno

175 gr de lactocrema ablandada (dejarla fuera del refri por unos 30 min)
175 gr de azúcar
3 huevos
175 gr de harina
2 cucharadas de leche
50 gr de chocolate semidulce derretido
Una pizca de canela
Una pizca de clavo molido
Media cucharadita de vainilla

Precalentar el horno a 180ºC. Poner 12 moldecitos de papel en una bandeja para muffins.

En un tazón mediano, batir la lactocrema ablandada con el azúcar, hasta que la mezcla se vea cremosa. Agregar los huevos uno a uno, junto con un par de cucharadas de harina y batir constantemente. Agregar la leche, la vainilla y la canela y batir.
Separar la mezcla en dos tazones. Agregar el chocolate derretido y el clavo a uno de los tazones y mezclarlo bien.
Llenar los moldecitos alternando cucharaditas de las dos mezclas y al final, revolver ligeramente con un palito de dientes para crear las vetas.

Hornear unos 20-25 minutos o hasta que hayan subido y estén esponjosos. Enfriarlos sobre una rejilla.

Las aceitunas son una de las grandes controversias de la vida. Sólo una selecta minoría de las personas que yo conozco se dignan a probarlas, hecho que yo tomo con estoicismo y con la satisfactoria filosofía de “no importa, así hay más para mí”. No muchos aman las aceitunas con la intensidad hiperbólica de esta cocinera: como buena peruana he probado aceitunas de todos tipos, verdes y negras, grandes y pequeñas, en salmuera y en lata (puaj). De niña, cuando me llevaban a comprar aceitunas, había que regresar a medio camino porque yo solita me había hecho cargo de medio kilo de delectables aceitunitas negras, tal es mi pasión desenfrenada por estas divinas bolitas carnosas y suculentas. Mejor ni hablemos de las atroces latas de “aceitunas” falsas que parecen de cartón remojado en agua con sal, las que aparecen en pizzas y sanguchitos. No, lo que se necesita para esta receta es una mezcla de aceitunas peruanas negras (de botija) y las españolas manzanillo: las peruanas yo las compro en Muñoz y Nanne y las verdes aparecen por todo lado (yo compro marca Ybarra).
Aceitunas marinadas con limón, ajo y tomillo8 rodajas de limón, cortadas en cuartos1 frasco pequeño de aceitunas verdes enteras, sin rellenar (de unos 180g escurridos)1 bolsita de aceitunas negras peruanas, con o sin semilla1 y 1/2 cucharaditas de tomillo seco2 dientes de ajo majadosUna botella de aceite de olivaMezclar todos los ingredientes (excepto el aceite) en un tazón y revolverlos bien. Pasarlo a una jarra de conservas hermética, esterilizada con agua hirviendo. Verter el aceite de oliva por encima, hasta cubrir las aceitunas. Cerrar bien la jarra y refrigerarla por unos dos días antes de empezar a comerse las aceitunas. Saben mejor a temperatura ambiente, así que es bueno sacar la porción deseada y dejarla unos minutos fuera del refrió antes de comerla con pan fresco. Es normal que el aceite se ponga espeso y opaco con el frío, pero regresa a su textura normal al calentarse. ¡Provecho!

Las aceitunas son una de las grandes controversias de la vida. Sólo una selecta minoría de las personas que yo conozco se dignan a probarlas, hecho que yo tomo con estoicismo y con la satisfactoria filosofía de “no importa, así hay más para mí”. No muchos aman las aceitunas con la intensidad hiperbólica de esta cocinera: como buena peruana he probado aceitunas de todos tipos, verdes y negras, grandes y pequeñas, en salmuera y en lata (puaj). De niña, cuando me llevaban a comprar aceitunas, había que regresar a medio camino porque yo solita me había hecho cargo de medio kilo de delectables aceitunitas negras, tal es mi pasión desenfrenada por estas divinas bolitas carnosas y suculentas. Mejor ni hablemos de las atroces latas de “aceitunas” falsas que parecen de cartón remojado en agua con sal, las que aparecen en pizzas y sanguchitos. No, lo que se necesita para esta receta es una mezcla de aceitunas peruanas negras (de botija) y las españolas manzanillo: las peruanas yo las compro en Muñoz y Nanne y las verdes aparecen por todo lado (yo compro marca Ybarra).


Aceitunas marinadas con limón, ajo y tomillo
8 rodajas de limón, cortadas en cuartos
1 frasco pequeño de aceitunas verdes enteras, sin rellenar (de unos 180g escurridos)
1 bolsita de aceitunas negras peruanas, con o sin semilla
1 y 1/2 cucharaditas de tomillo seco
2 dientes de ajo majados
Una botella de aceite de oliva

Mezclar todos los ingredientes (excepto el aceite) en un tazón y revolverlos bien. Pasarlo a una jarra de conservas hermética, esterilizada con agua hirviendo. Verter el aceite de oliva por encima, hasta cubrir las aceitunas. Cerrar bien la jarra y refrigerarla por unos dos días antes de empezar a comerse las aceitunas. Saben mejor a temperatura ambiente, así que es bueno sacar la porción deseada y dejarla unos minutos fuera del refrió antes de comerla con pan fresco. Es normal que el aceite se ponga espeso y opaco con el frío, pero regresa a su textura normal al calentarse. ¡Provecho!

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